Sinbragueros y a lo loco ♥

jueves, 11 de mayo de 2017

Tormenta

Te voy a ser sincera. Cuando estoy jodida, tiendo a colocarme mi coraza entre la cabeza y el pecho, y a veces se me olvida hasta que la llevo puesta. No lo hago para que no me vean llorar, lo hago por miedo a seguir recibiendo golpes, uno detrás de otro. Tampoco nunca he sido buena para expresar mis sentimientos a desconocidos, a veces incluso tampoco a quien no lo es tanto. Ocupo mi lugar tras la trinchera y simplemente espero a que acabe la tormenta intentando sólo mantenerme a flote y no ahogarme en un vaso medio lleno. No es efectivo en absoluto, pero me ayuda a ignorar el mundo
alguna que otra vez.
Cuando no ayuda sólo lloro por dentro, y hoy me he sentido así. Porque a veces duelen más los golpes sobre la superficie, que poco a poco van cavando un agujero -uno de los que duelen- que los golpes que esperas, de los que caen justo en el esternón.
Y por eso siento ser fría y distante. Siento no hacer siempre lo correcto. Siento creer en las personas y ser muy ilusa. Siento tantas cosas que me cuesta confiar en nada ni en nadie, y la sensación de caída libre se incrementa cuando soy una letra de la ecuación. No me fío de mí y por eso tengo más miedo aún.
Pero no quiero alguien que me consuele en la cama cuando no encuentro las palabras, ni alguien que me diga que todo va a estar bien.
Quiero ser yo quien me lo diga, quiero confiar en mí y desarmarme, aunque me cueste cien mil lágrimas y cien mil cicatrices.

"Las casualidades son las cicatrices del destino. No hay casualidades, somos títeres de nuestra inconsciencia."

jueves, 24 de noviembre de 2016

Bucle infinito

Es difícil pensar con todo este ruido que me rodea. Es complicado pensar en los errores,
sobre todo en aquellos que no tienen solución. Me duele pensar en que en algún momento mi cabeza me advirtió de que aquello me traería el recuerdo de la traición, que pagaría por ello y el insomnio volvería a por todas. Pero al final seguí el mismo camino que siempre y tropecé con la misma piedra una y otra vez. En un bucle infinito. Recuerdo sentir en los huesos el miedo a echarlo todo a perder, pero no frené ni perdí velocidad, porque aunque parezca que la lógica rige siempre mi cabeza, el corazón suele ir por delante haciéndome recular un paso por cada tres adelantados. Como cantos arrastrados por la fiereza de las olas, que avanzan y retroceden de forma sistemática. Sé que sigo escondiéndome tras las metáforas porque son como trincheras hechas a medida, que me permiten despojarme al menos de la culpa. Y aún así, todavía siguen quedando tantas cosas que se niegan a abandonarme que apenas queda espacio para que todo ello pase desapercibido. Así es como se originan las noches en vela, removiendo sentencias y creando una película a cámara rápida con todas las situaciones de las que me pude salvar (y no lo hice).
A veces se extingue la vela, otras veces se extingue el sueño. En cualquier caso, aún sigue cada segundo dando vueltas a mi cabeza,


sábado, 30 de enero de 2016

Me da igual qué ser, mientras sea.

Nunca sé como empezar a hablar desde mi cabeza. Hay una inconexión entre todo lo que diría y lo que de verdad digo. Pero me hace preguntarme si verdaderamente es así como deben ser las cosas. Que de donde nacen, permanezcan. Sé que compartiría con el mundo cosas que me guardo para mí sola, cosas que nunca diría en voz alta, pero que ardo en deseos de escribir. Pero no sé cómo.
Últimamente lo veo todo tan oscuro, que hasta mi propia sombra ha desaparecido, separándose de mi cuerpo. Sigo con ese trauma existencial entre lo que soy y lo que seré. Porque era lo que soy, y soy lo que fui, no cabe duda: siguen los mismos miedos, las mismas fantasías, los mismos juegos. Sólo ha cambiado el escenario y el telón. El barco por la jaula. Como si cada paso que diera fuera un barrote más para mi celda.
Sinceramente, hay momentos en los que me siento incomprendida y frustrada. Pero no puedo decirlo en voz alta porque si lo hago lo sentiría real, palpable. Y me da vértigo pensar en cómo sería la ficción en la realidad. En todo un bucle infinito, que no quiero si quiera imaginar. Seré realista o pesimista según lo mire. Seré poeta de pega, o prosista de mentira. Me da igual qué ser, mientras sea.


No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado por mil ecos.

jueves, 9 de octubre de 2014

Escudo férreo son sus manos con las mías.

Nunca la verdad es tan plena como cuando le miro a los ojos. Son los días de lluvia los que me hacen ver las cosas claras, y su mirada siempre me deja pensativa. Como cuando desayuno por las mañanas, y aún con los ojos medio cerrados, saboreo el primer trago de café del día. Es como una chasquido, y todo se convierte en perfección. Pues eso mismo es abrazarle, y notar de pronto como me rodea su brazo protector y me aprieta contra su pecho. Y es que ese es mi único hogar. La explosión y sus mordiscos. Sus enfados y su risa. Sobre todo su risa.
A veces pienso si es él quien me deja sin inspiración. Pero sé que no. Que me entrega hasta su alma en cada beso, y me deja sin respiración a media oreja. Como si no hubiera nada más en el mundo. Y eso, me recuerda que no me lo merezco. A lo mejor por eso mismo, he vuelto a escribir hoy, después de que la tormenta pasara y volviese a su verdadera cama. Porque mi vida gira a su alrededor, como un tío vivo, o una noria. Y nunca cesa. Y sin embargo su sonrisa me vuelve a dar esperanzas. De que no me abandone.
Y es que desde que es mi debilidad, no recuerdo un sólo día sin el nudo en el estómago, sin el miedo a perderle, o perderme yo (de nuevo).


No sé si es poesía o nosotros contra el mundo. Pero déjame decirte que suena de maravilla

lunes, 18 de agosto de 2014

Indisoluble.

Es como sentir el viento rozarte, las teclas de un piano bajo las yemas de tus dedos, las lágrimas rodando por el precipicio del tiempo,y el tiempo perdiéndose en tu mirada. Es como mil millones de palabras que significan una sola, pero que no pueden expresarse. Son las ganas de cambiar el mundo, de sentir que pertences a un pedazo de su cuerpo. Una parte de sus lunares, de su sonrisa de medio lado, o una parte de su paraíso. De su cama, de su despertar. A veces es tan sólo la vista perdida en el horizonte, el sol rozando las olas al fondo del paísaje, una nota alegre en una partitura triste, una metáfora eterna, una hipérbole. Es darle la vuelta al sentido, es perderlo del todo. Es tortura, quemazón, lágrimas emborronadas por culpa de su silencio. Es tempestad, es calma. Es el barco que se mece con su vaivén. Es una pluma blanca, deslizandose suave, cayendo. Es una búsqueda incesante de algo que llevas por dentro. Es una rima en un libro desconocido, es mirar a los ojos en un momento determinado, cuando la tristeza se queda a un lado pero aún te queda el café de madrugada. Es impaciencia por llegar, es prisa por aparecer, por no desperdiciar los segundos demás. Es ruido, es silencio. Es una aguja en un pajar, un millar de cientos. Es una sinfonía completa, de arriba abajo, de derecha a izquierda, de piano a adaggio, de séptima a novena. Es una canción sin terminar, la sensación de insconsciencia. Es no saber a qué aferrarse cuando la marea te lleva lejos. Es un árbol en primavera, sus hojas, sus flores, sus pájaros piando en lo alto de su copa. Es una sensación gigante, que no se expresa. Es infinito, es miedo, coraje, rabia, risa, cordura y locura al mismo tiempo. Es amor.



Querer no siempre es fácil, pero nada es imposible.

miércoles, 11 de junio de 2014

Soy.

Soy esa masa corpórea, que se esconde tras su propia piel.
Soy la chica que se oculta de quien quiere por miedo a fracasar.
Soy esa vida incorrecta, que sólo quiere ser una parte más grande de lo que le corresponde.
Soy esa canción que oyes, pero no escuchas.
Soy un barco a la deriva.
Soy risa, y tus lunares al amanecer.
Soy la no inspiración de los días de verano.
Soy el vacío que dejan los domingos sin tu cuerpo en mi trocito de paraíso.
Soy metáfora, personificación, hipérbole.
Soy palabras bonitas, guardadas en un bote de cristal para que nunca se rompan los deseos de ser quien debería.
Soy frases largas sin sentido, la dulce ironía del destino.
Soy el fuego crepitando, de dentro afuera.
Soy esfuerzo, calma, silencio y miles de palabras aleteando en el cerebro.
A veces soy una cabeza hueca, o un no indeciso.
Soy repetición, soy indeterminación, soy ilógica conocida, y me gusta reconocerlo.
Soy miles de palabras que a veces son leídas, y dan miedo por el poco sentido que tienen cada una de ellas. Pero si las juntas, unas veces es mi cabeza, o mi corazón.
Otras sólo soy yo.


Incluso así, a veces ni siquiera soy

jueves, 9 de enero de 2014

Lucero verde



Yo era un alma libre de madrugada en madrugada. De anochecer en atardecer. Vivía para no dormir, y dormía para no desfallecer, de vez en cuando. Seguía los caminos que creía conocer, donde la máxima prioridad era perderse y no encontrarse. Emborracharse de amores de una noche, de cuerpos desnudos. Sólo trataba de beberme hasta el agua de los floreros y no morir en el intento.
Y entonces aparecieron dos luceros verdes que me devolvieron la vida que había perdido durante cada luna llena. Me cogió la cara entre las manos y posó por primera vez sus labios sobre los míos con la suavidad más pasmosa de la historia. Y creo que fue ahí donde aprendí lo que era de verdad rozarse la piel, buscar el miedo de perder esas caricias en cada vuelta de hoja, porque aquello era más que una aventura. Era una sucesión de historias que sólo buscaban un futuro bien lejano, en el que el pelo cano poblara nuestras cabezas y el fuego crepitara bajo nuestras arrugas. Pero entonces comprendí lo fácil que se resquebraja un corazón, y lo rápido que se hace añicos cuando se aleja la única luz que te llevaba por el camino correcto. Y se fue con otro lucero, otra vida salvada en un intento desesperado de salir de sí misma, pero sin saber que no era más que una habitación sin salida. Porque el gran error de su vida era querer demasiado. A todo el mundo.
Y él se la llevó. Pero se la llevó aún más lejos. Se fue a medio camino entre el “te quiero” y el “te hiero”. Porque había encontrado lo único que no le haría feliz, había encontrado su perdición cuando sólo quería reencontrarse. Y no me cansaré de decirlo. Él se la llevo a las nubes, un poquito más arriba. Sólo que en vez de azul y blanco, su mundo se había tornado de color rojo escarlata, aquel color que bombeaba su corazón a cada segundo por su delicado cuerpo. Y se rompió en pedazos. Como una muñeca de porcelana.
Se la llevó el viento de una caja de cristal, donde yo guardé mis lágrimas para que nunca olvidara quién habría querido morir con ella, e incluso por ella.

Y desde aquel dieciocho de febrero la vida se volvió una tormenta constante. Y yo iba en un barco sin vela hacia un horizonte desconocido. Sin mi lucero verde.


Y así fue como perdí el norte, la cabeza y tierra firme.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Déjame ver a través de tus lágrimas.

Cuando ves caer las lágrimas por su cara, esa que tantas veces has acariciado durante tan poco tiempo, y se te parte el alma quitando las gotas de agua salada de sus mejillas, es entonces cuando te das cuenta de que sin su sonrisa tu vida está acabada. Que suena cursi, como todo lo que digo últimamente. Pero nadie se imagina lo que es saber que alguien va a estar en las buenas y en las malas, para hacer lo que yo estoy haciendo en este momento, quitarle las lágrimas y sacarle una sonrisa. Que después de la tormenta viene la calma, y que cuanto más lejos estás de las cosas buenas, más fácil es después apreciarlas.
Nunca he sido de dar buenos consejos, nunca he sabido darlos ni aplicarlos a mi propia vida. Pero ojalá pudiera hacerlo y sacarle yo misma del agujero en el que está ahora. Hacerle ver que la vida puede ser perfecta, hacer que le brillen los ojos, que le duela el alma de querer. Ojalá pudiera no hacerlo yo para no sufrir el triple cuando le veo llorar. 
Pero no me rindo. 
Él lo ha dado todo por mí, y yo no pienso ser menos.



"Contigo se fue la duda de a qué había venido a este mundo. Estaba claro que vine para quererte"



lunes, 9 de diciembre de 2013

Hazme grande.

Suelo esperar que el techo se hunda conmigo algún día, y mientras tanto voy dando consejos de como ser feliz. Odiando los poco optimistas cuando yo soy una de ellas. Pero me da igual. Me da igual quién ser mientras tenga tu mano para ir agarrada como una niña de tres años. Y amar las cosquillas, las sonrisas cada noche, con cada canción que me cantas en ese horrible inglés, con tres o cuatro chupitos de más. Nunca pensé que la sensación de hormigueo podría llegar hasta ese músculo que palpita y que a veces me hace replantearme la vida desde el ángulo opuesto, pero lo ha hecho y yo sólo tengo ganas de sentir de nuevo la sensación de vértigo. Sentir que estás al borde del precipicio pero que aún te queda algo a lo que aferrarte.


If these wings could fly.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Cartas a una desconocida.

No volverás a pensar en que todo es culpa tuya, que tus errores siempre terminan desencadenando las peores tormentas, los gritos en tu cabeza pidiendo ayuda. Tu cuerpo deseando quedarse en el hueco frío del lado derecho de la cama. Pensar que la vida es dura, pero no luchar por mantenerte a flote. Ahogar las penas en una botella vacía. En el silencio acumulado por el llanto. Las lágrimas esquivadas por tu instinto de supervivencia escondido bajo las mil corazas. Las ganas de matar el tiempo de la forma más fácil posible, aún sabiendo cuál es el resultado, y que nunca estarás completamente satisfecha. No volverás a desear aquellas cosas que sabes que nunca conseguirás, porque poco a poco tus sueños te van dejando sin fuerzas,van quebrando el alma que guardas para las ocasiones especiales. Jamás esperarás de los demás lo que tú nunca diste, pero no escucharás más réplicas de quien nunca estuvo en los malos momentos. Porque todos ellos son falsedades detrás de una máscara sonriente y amiga. No seguirás perdiéndote en conversaciones ajenas, de idas y venidas donde tú ya no tienes lugar. Quizás esa es la forma más fácil de olvidar cuál es tu verdadero sitio. Así que simplemente deja de ver a través de tus ojos, de ser egoísta y de pensamientos negativos. Porque eso tan sólo te volverá a llevar a la autodestrucción. Y cuando llegas al fondo, la imagen del espejo pesa más en tu cabeza que tú misma. Y la oscuridad se cierne sobre ti como una capa protectora, aunque en realidad te esté dejando caer de nuevo. 
No luches si es lo que quieres, pero ante todo, mantente a flote como puedas. Y vuelve cuando creas que es hora de volver a ser quien eras, con tus pros y tus contras. Con dignidad.




Vamos a destiempo desde que no tenemos alma.