Sinbragueros y a lo loco ♥

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un te hiero que me quema.

Me quedo callada y eso es malo. No soy capaz de encender un cigarro, ni abrir los ojos para comprobar que el mundo sigue girando. Porque tengo miedo de mirar desde abajo y verte tan arriba. Como la luz del techo, que parpadea, igual que lo hacías las noches que pasábamos contándonos lunares. Los de la espalda, los de tu pecho. Y es que no puedo evitarlo. El insomnio ya no me atenaza porque ahora te tengo para soñarte. Y eso que preferiría tenerte aquí para no dormir nunca, y beberme tus ojos a morro, porque me atrapan y me llevan. Verlos de cerca como sí de algún cuadro del Prado se tratase. La verdad es que para mí eras como una obra de arte. Tan perfecto por dentro y por fuera, tan tierno y tan salvaje. Tan amor y tan odio. Que no me olvido. No sales de mi cabeza. No quiero pensar en otra cosa que no sean tus caras de niño bueno, esas huidas por el parque mientras la gente nos miraba y nosotros seguíamos riendo. Viendo atardecer de espaldas, porque sólo me interesaba no perder el tiempo, seguir viendo tus enfados por cada cigarro encendido y tu sonrisa por cada ataque gratuito a mi vergüenza.
Y creo que nunca te contaré las cosas que pienso de noche, porque no es nada agradable, es más bien como un vértigo en el estómago que no me deja masticar lo mucho que me olvidas. Y es que no hay otra manera, pero no quiero alimentarme de ilusiones. Porque luego llegan las dudas y los por qué y se que a pesar de todo ese vértigo se habría comido ya hasta la espina dorsal, donde el sudor de las tardes en compañía me hacían suspirarte al oído. Y decirte cosas de las que no me arrepiento, pero las cuales podría haber callado.
Ahora es cuando la soledad me roe el alma y no quiero seguir pendiente de una sonrisa que pronto dejará de ser mía. Y eso es más bien un "Te hiere" que un "Te quiere".


¿A cuánto queda el cielo?