Sinbragueros y a lo loco ♥

miércoles, 26 de octubre de 2011

Amor a quemarropa.

Fue una noche nevada, en la que buscaba una razón de ser bajo mi cama, cuando sin querer encontré una foto rota entre el polvo. Soplé sobre ella para averiguar el momento exacto de captura.
Mis pupilas se dilataron, conviertiéndose así en dos agujeros negros.
Arrugué el ceño, algo que me desesperaba por completo, pero totalmente involuntario.
No supe que hacer con aquello; estaba confundida, recuperando viejos recuerdos de un cajón sin fondo donde creí que olvidaría todo lo posible y más.
Y allí estábamos, dos sonrisas enormes, felices como nunca y rodeados por un aura mágica que posaba sobre nosotros un encanto artificial.
Y cuanto daño nos habíamos hecho; olvidando, recordando, rescatando del olvido y volviendo al comienzo, sin murmurar un te quiero sincero entre líneas, que al menos sirviera para no herirnos del todo. Cuantas camas vacías habíamos dejado a nuestro paso, sin saber que nuestros caminos volverían a ser uno solo en algún momento. No hubo manera de persuadir al destino, que ya trazaba líneas imaginarias adelantándose a nuestras propias miradas. No pudimos hacer nada; volvimos a ser un nosotros sin alma. Éramos dos cuerpos movidos por los hilos, para (quiero pensar) darnos cuenta de que no nos movía el mismo interés. De que no éramos más que muñecos. Títeres sobre un escenario a medio montar, oscuro como la boca del lobo, y tenebroso como el futuro. Extraño, como nosotros mismos. Tal vez, incluso, fuera hasta real.
Pero cerré los ojos y dejé caer el papel de fotografía sobre el fuego, que ardió feliz, destrozando un pasado que no nos pertenecía.


Habíamos disparado nuestra última oportunidad de ser felices.