Sinbragueros y a lo loco ♥

sábado, 14 de enero de 2012

Susurros de olvido.

La estancia se desdibujaba ante sus ojos vidriosos, empañados ahora por grandes lágrimas saladas que descendían por sus mejillas y acababan en su boca, llevándola el sabor amargo de un dolor pasajero, fugaz. Había olvidado cerrar con llave aquel cajón de recuerdos, donde su pelo castaño era el protagonista de sus desvelos, y sus ojos turquesa miraban febrilmente un futuro que se escapaba entre los dedos, como si de arena fina y blanca se tratase. Quizá si no hubiera aparecido aquel domingo nublado, las cosas no se hubiesen complicado. Puede que si hubiera hecho caso de sus palabras, nunca se hubiera arrepentido de amar tanto a alguien como lo hizo con él.

"- Zoe, quiero que me prometas algo que jamás hice prometer a nadie -su voz ronca me impedía decir que no, así que asentí, lista para averiguar de que se trataba- haz que tu cabeza se adelante a tu corazón, y dime que no te enamorarás de mí. Nunca.
Me reí para mis adentros, imaginándome cuantas horas habría estado preparando aquel descarado discurso, pero no hice amago de expresar aquellos sentimientos.
- Entonces júrame que no volverás a mirarme mientras duermo, que no sonreirás cuando baile frente al espejo, que no te reirás mientras te cuento mis desesperaciones matutinas, que no me observarás por la rendija de la puerta cuando leo, creyendo que no te veo -aún no había acabado con todas las cosas que hacía diariamente, sin pensarlo, cuando ya empezaba a atisbar en sus ojos un amor que crecía sin descanso, un algo que era recíproco y que llevaba mucho tiempo intentando traspasar las barreras de la amistad - Promete que no me acompañarás todas las mañanas hasta mi pastelería favorita en busca de los curasanes que me vuelven loca, que no leerás y releerás todas las palabras que escribo en mi libro de pensamientos e historias, que no serás sarcástico cuando entre por la puerta con cara avinagrada, que no me acariciarás cuando me sienta sola, que no me susurrarás cuentos de princesas para poder dormir, que no me taparás por las noches, que no me dirás una vez más "te echaré de menos, bicho", que no te imaginarás una vida conmigo. ¿Podrás hacerlo?"


Solamente aquel que construye futuro tiene derecho a juzgar el pasado.