Sinbragueros y a lo loco ♥

viernes, 6 de enero de 2012

La vida en doce líneas.

Cuando comienzas a creer en algo, se esfuma. Debe ser ese extraño momento en el cual te das cuenta de que las estrellas fugaces ya no conceden deseos, cuando realmente intentas abrir los ojos y ver el mundo desde una perspectiva diferente. No quieres que nadie te cuente como es el mundo, porque tú también quieres verlo, dices. Pero no es tan fácil, no. Las cicatrices que deja la luna parecen hechas con un cuchillo afilado, mientras que el sol borra todos los recuerdos negros, como de un plumazo. Tal vez la cobardía se convierta en coraje si miras desde lo más alto, sin miedo a caer, aunque sepas que ese mismo vagón en el que vas subido será preso de la gravedad de un momento a otro. Será coraje porque piensas salir del agujero negro, no porque no tengas miedo a caer. Y puede incluso, que si mientras caes haces el intento de mantener tu sonrisa, tengas una luz en lo profundo que te indique la salida más rápida. Y si gritas su nombre, su mano saldrá en tu busca; te cogerá y te llevará a un lugar seguro. Pero para ello, tienes que saber a quién llamar. Tienes que encontrar a esa persona que haga que los días sean más cortos, las tardes más felices, y con la que con una mirada pueda darte consejos de sabios. Y yo, la he encontrado.


La diferencia entre lo pasado y lo presente se encuentra en los recuerdos y las ganas de crearlos.