Sinbragueros y a lo loco ♥

jueves, 4 de agosto de 2011

Resulta que si, aún hay un resquicio de esperanza.

Turnin tables.. Escúchala mientras lees.

Fue en un crucero por las islas griegas, donde permanecí dos semanas disfrutando del sol tenue, los gorros que se volaban con el viento del norte y las esculturas de aquellas épocas tan antiguas y que tanto admiraba. Había ido allí para desconectar del atormentamiento de la ciudad, que tantos estragos causaba en mi cabeza, cuando en una de esas tardes de sol radiante nos paramos en el puerto y descendí la escalinata del barco para adentrarme en un torbellino de emociones que no me pertenecían, pero que sentía como mías, con las olas de música de fondo. Entonces la sirena sonó con fuerza, interrumpiendo mis dulces pensamientos y tuve que salir sino corriendo, volando en dirección a un barco que no pretendía esperar por mi. Por el camino no pude evitar perder un zapato, cosa que me atormentó hasta la hora de la cena. Era el único par perfecto para andar que tenía, y no me podía permitir visitar todas aquellas maravillas subida a aquellos tacones que casi rozaban los límites extremos, con los que -no tuve más remedio- fui a cenar.
Diez minutos más tarde, sentada como estaba en aquella mesa de mantel blanco y tan lujosa, alguien apareció detrás mía, con algo que me pertenecía en sus manos.
- Señorita- aquella voz me produjo un leve cosquilleo por todo mi cuerpo, cosa por la cual no pude evitar sonreír- creo que esto es suyo. Al parecer, lo perdió mientras corría creyendo que perdería el barco.
Ambos sonreimos con más intensidad. Él, de manos suaves, me tendió aquel zapato. Llevaba más de un cuarto de siglo esperando a que algún maravilloso príncipe azul recogiera mi zapatito de cristal, y cuando menos lo esperaba; allí estaba él.

Nadie me creyó a mi vuelta. Absolutamente nadie. Todos se lo atribuían a mi tumor; ese que se expandía por mi cabeza acortándome la vida cada vez más. Y aquel barco era el último que cogería, a bordo de un cuento de hadas que jamás imaginé que se cumpliría. James volvió antes de verme partir hacia quién sabia dónde, me sonrió y me sorprendió-y no solo a mi- con sus tiernas palabras:
- No te olvidaré, Serena. Eres a la mujer que amo, a la que cenicienta que siempre quise entre mis brazos, y esto no me va a impedir que sigas conmigo toda la eternidad. No lo hará, te lo aseguro.
Y antes de cerrar los ojos por ultima vez, pude oír sus palabras, inundadas de lágrimas:
- Serena Harm, ¿querrás quedarte en mi corazón para el resto de mis días?. ¿Querrás.. casarte conmigo?