Sinbragueros y a lo loco ♥

martes, 10 de mayo de 2011

Aquella sonrisa pasada de moda.

Cuando nos cruzamos en el parque, yo llevaba una mochila cargada de libros, y tu un precioso perro negro. Tan perro como tú, tan negra como yo.
Saludaste al viento y me dirigiste una mirada que apenas duró unos segundos, pero que me hizo sentir desnuda. No volví a pensar en tí hasta que no nos encontramos de nuevo. Mismo lugar, mismo momento; solo que aquella vez fue tu sonrisa la que me quitó la ropa de un mordisco, en esas imaginaciones que te emborronaban la vista. Pero sin duda, supe que te habías quedado con mis ojos azules, mi pelo negro y mis perfectas caderas, que provocaban hasta a aquel perro que siempre te acompañaba. Volvimos a cruzarnos un par de veces más, pero te ignoré del mismo modo que ignoraba tu vista clavada en mí.
- ¿Eres siempre tan estirada? -rompiste con las reglas marcadas por el silencio y te acercaste para mirarme más de cerca.
- Es mi especialidad -no sonreí, ni mucho menos; sin embargo, veía en tu mirada esa chispa atrevida y tenía ganas de quitarte la idea de la cabeza. Pero te dejé seguir. Iluso de tí.
- Deberías abrirte más a menudo; estás muy guapa cuando lo haces.
- Aún no me has visto abierta; y creeme, no lo harás.
Su sonrisa se ensanchó entonces, e ignoré el hecho de que había dado con su punto fuerte:
- No había pensado de tal forma en ello, pero desde luego que no es mala idea.
Esta vez fui yo la que sonreí, pero aquella sonrisa era más sarcástica que alegre.
- Quizás tampoco sería tan mala idea que te largaras, tengo prisa, ¿sabes?- hice ademán de caminar, pero no había dado dos pasos dos pasos cuando me volví y te espeté-. E intenta que esa sonrisa estúpida no aparezca tan a menudo por tu cara, no es agradable para los que te rodean.
Su risa se iba extinguiendo cuanto más me alejaba, y no pude evitar reirme yo también. Eso de ser borde se me daba extremadamente bien.