Sinbragueros y a lo loco ♥

jueves, 24 de noviembre de 2016

Bucle infinito

Es difícil pensar con todo este ruido que me rodea. Es complicado pensar en los errores,
sobre todo en aquellos que no tienen solución. Me duele pensar en que en algún momento mi cabeza me advirtió de que aquello me traería el recuerdo de la traición, que pagaría por ello y el insomnio volvería a por todas. Pero al final seguí el mismo camino que siempre y tropecé con la misma piedra una y otra vez. En un bucle infinito. Recuerdo sentir en los huesos el miedo a echarlo todo a perder, pero no frené ni perdí velocidad, porque aunque parezca que la lógica rige siempre mi cabeza, el corazón suele ir por delante haciéndome recular un paso por cada tres adelantados. Como cantos arrastrados por la fiereza de las olas, que avanzan y retroceden de forma sistemática. Sé que sigo escondiéndome tras las metáforas porque son como trincheras hechas a medida, que me permiten despojarme al menos de la culpa. Y aún así, todavía siguen quedando tantas cosas que se niegan a abandonarme que apenas queda espacio para que todo ello pase desapercibido. Así es como se originan las noches en vela, removiendo sentencias y creando una película a cámara rápida con todas las situaciones de las que me pude salvar (y no lo hice).
A veces se extingue la vela, otras veces se extingue el sueño. En cualquier caso, aún sigue cada segundo dando vueltas a mi cabeza,


sábado, 30 de enero de 2016

Me da igual qué ser, mientras sea.

Nunca sé como empezar a hablar desde mi cabeza. Hay una inconexión entre todo lo que diría y lo que de verdad digo. Pero me hace preguntarme si verdaderamente es así como deben ser las cosas. Que de donde nacen, permanezcan. Sé que compartiría con el mundo cosas que me guardo para mí sola, cosas que nunca diría en voz alta, pero que ardo en deseos de escribir. Pero no sé cómo.
Últimamente lo veo todo tan oscuro, que hasta mi propia sombra ha desaparecido, separándose de mi cuerpo. Sigo con ese trauma existencial entre lo que soy y lo que seré. Porque era lo que soy, y soy lo que fui, no cabe duda: siguen los mismos miedos, las mismas fantasías, los mismos juegos. Sólo ha cambiado el escenario y el telón. El barco por la jaula. Como si cada paso que diera fuera un barrote más para mi celda.
Sinceramente, hay momentos en los que me siento incomprendida y frustrada. Pero no puedo decirlo en voz alta porque si lo hago lo sentiría real, palpable. Y me da vértigo pensar en cómo sería la ficción en la realidad. En todo un bucle infinito, que no quiero si quiera imaginar. Seré realista o pesimista según lo mire. Seré poeta de pega, o prosista de mentira. Me da igual qué ser, mientras sea.


No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado por mil ecos.