Sinbragueros y a lo loco ♥

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un salto en el vacío

No quiero ser cursi, pero me has dejado sin una pizca de aire respirable.
Quizás no es más que mi imaginación, que quiere que piense que eres demasiado bueno para mí, pero, ¿no lo eres de verdad? 
Espera, espera, espera. Me estoy asustando bastante. ¿No era yo esa chica que no creía en el amor? ¿Esa que solo miraba de lejos, que temía encontrarse frente a frente con alguien especial a quien querer? Bien, la respuesta a todo eso es sí. Así que quiero una explicación coherente ante la pregunta que se está formando en mi cabeza. ¿Por qué narices no puedo sacarme esa sonrisa tan jodidamente perfecta de mi mente?
Si, tengo miedo. Pero el riesgo me tienta bastante (qué extraño en mi) y esa cara de psicópata o cowboy, no me está ayudando nada de nada a resistir la tentación de acercarme y comerte.



Si quieres que tu vida sea diferente, no hagas siempre lo mismo. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Todo lo que tengo que decirte

- ¿Ves a aquella chica, la morena?
Asiento y sonrío. Y es que me encanta esa manía tan suya de inventarse vidas ajenas sentado en un banco vacío.
- Pues tras su bonita mirada esconde un gran secreto que no quiere desvelar -hace una pausa, como pensándose seriamente qué es tan preciado interrogante. - ha quedado con un chico. Pero él en realidad no la quiere como yo te quiero a ti; tan solo la desea.
De pronto, como si de verdad hubiera descubierto aquella confidencia, la chica levanta la vista hacia nosotros. Pero no es a nosotros a quienes mira, no. Es a un menudo adolescente, con sonrisa picarona, que se acerca lentamente hacia ella, con pasos agigantados pero con una lentitud desesperante.
Ella no sonríe.
- En su cabeza está maquinando la idea de dejarle, pero tiene miedo a las consecuencias.
Giro la cabeza en dirección opuesta, volviendo a la chica de pelo cobrizo y a su extraña mirada; una mezcla entre miedo y venganza.
- ¿Y cómo sabes todas esas cosas? -he decidido dejarles intimidad, reanudando así la conversación con él.
- Se leer las miradas ajenas. Y sé que estás expectante, a la espera de una bonita historia.
No puedo evitar reírme de nuevo.
- Voy a tener que dejar de mirarte, entonces.


Quiero tener el poder de inmortalizar cada momento, volver a sentirte cada vez que te recuerde.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ética de un proscrito.

No pretendo dormir, a pesar de que son las cinco de la mañana y la conversación se está volviendo aburrida. Cuelo un par de intentos para que sueltes un par de cariños, y unos cuantos te quiero. Pero no cedes. Y yo me desespero.
Ha llegado el momento de articular un adiós improvisado, sin caricias de despedida que nos lleven a la locura inmediata, sin articular palabras dulces hasta olvidar quienes somos. Es hora de tomar conciencia y sublevarse al gélido invierno, evitando los roces a conciencia. Porque he encontrado la forma de rehuir la mirada cuando pasas. Tus ojos cobalto en mi nuca, que me siguen a través del tiempo, atravesando paredes, incendiando cada parte de mi ser por no ser quien yo quiero que seas. Sé cómo evitarlo. Sé cómo hacer que me olvides de una vez por todas. Y también sé quiénes somos, lo que hicimos. La llama está ahí, y yo intento apagarla de un soplido.

Ciudad fantasma, amor atormentado; pero ahora el que cae eres tú.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Que para mí son solo palabras.

Hablemos del tiempo que se escurre entre los dedos, para no escuchar el silencio. Olvidemos para no saber quién somos, para perdernos entre pasillo y pasillo, para no sentir que desperdiciamos la inocencia entre beso y beso. Hagámoslo bebidos. Para no ver como nos dejamos llevar por el momento.
Debe ser eso que dicen, afortunada en el juego, desafortunada en el amor, más verdad de lo que imagino.



Ya me han vuelto a ver robándoles sus almas.
Y que la abstemia no te hunda, que para mí son solo palabras.

domingo, 13 de noviembre de 2011

A eso de las siete.

Podía tirarme horas contemplando como respirabas apaciblemente en sueños, observando esos dulces hoyuelos casi inexistentes ya, que se te formaban al sonreír; apreciando ese lunar tan grande que se alojaba en tu mejilla izquierda. Era capaz de presenciar durante horas el leve movimiento de tu pecho, ascendiendo y descendiendo con delicadeza. No necesitaba parar el tiempo, el tiempo se paraba por sí mismo, para dejarme embelesada frente a tu pelo castaño. Quizá en aquellos momentos, cuando la paz me invadía y no podía dejar de sonreír furtivamente, creía ser feliz. Hasta que despertabas de tu letargo, me agarrabas de las caderas y me susurrabas al oído aquellas mentiras piadosas que me dejaban más contenta aún de lo que estaba. Ojalá hubiera sido capaz de hacerte frente y renunciar a pasar más horas contigo. Pero era inevitable. Era incapaz de controlar mis sentimientos. Y creo que aún no he podido. Pero lo escondo entre silencio y silencio, mirando un reloj que aún marca las siete y cinco; el momento exacto en el que te di por perdido.



Intenté ser tu futuro, pero alguien ocupaba tu cama en aquellos meses en los que solo me preocupaba de respirar por mí misma. Una autómata que pendía de tu mirada y acallaba los gritos de su cabeza con tu imagen sugerente.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Trastos viejos.

Dame una razón más para dejar de creer en ti, y prometo que no pensaré más en las ganas que tengo de perderte de vista. Porque las pesadillas que propagas en mi cama, me producen una extraña sensación llamada asco al levantarme, que acaba con una cierta repulsión al final de cada punto y coma, y cada noche me acuesto viendo esa cara que tanta grima me da.


Lo siento, pero para mí ya no eres más que un simple trasto viejo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Perdida en la soledad y otros extraños sucesos.

Vivía en el ático de una calle sin nombre, en medio de una ciudad desconocida. Mi pelo cambiaba de color con frecuencia, por lo que cada mes sentía que era una persona distinta. Cada estilo era diferente, cada día era una odisea y cada instante un vendaval que acababa con mi cordura. Estaba sola, paseaba arriba y abajo por las calles menos frecuentadas y me resguardaba del frío en bares de mala muerte. Hasta que por allí pareció alguien que tenía el mismo problema que yo: sufría de soledad. Por las noches quemábamos el pasado con mecheros e incendiábamos mi piso de deseo. Amanecíamos envueltos en ceniza, que siempre volvía prenderse, unas veces sobre la alfombra roja del salón y alguna otra en la cama de color verde. Los cafés nos adormecían, pues íbamos al revés del mundo, y las tilas nos excitaban hasta niveles extremos. Éramos como vagabundos en un mundo desconocido, viajando a través del tiempo, y traspasando las barreras de lo imposible.


El tequila ya no sirve para recomponer un corazón hecho añicos.

martes, 1 de noviembre de 2011

Entre tu infierno y el mío.

Me gustaría vivir en el infinito, donde no hubiera una línea imaginaria entre la felicidad y la tristeza. Donde la locura fuera una forma de vida y no un trastorno mental. Donde ser libre significara poder besar sin decir te quiero, sin atarse de pies y manos, sin enamorarse. Sí, he dicho enamorarse. Porque para mí, enamorarse significa perder la razón, morir de miedo esperando algo que te salve del olvido, vivir sintiendo que tu corazón ya no te pertenece.


Ojalá esa barrera entre lo imaginario y lo real se rompiera. Sería como vivir en un sueño perpetuo.