Sinbragueros y a lo loco ♥

sábado, 28 de enero de 2012

Mar y distancia.

Hice todo lo posible por no soñar con él. A lo mejor descubría que le espiaba en mi imaginación, y entonces me moriría de vergüenza; pero tras la tila que me tomé, el sueño vino rápido, y su mirada de ojos castaños no tardó demasiado en aparecer en escena. Era extraño como sin apenas conocerlos, estando a tantos kilómetros de distancia, podía quererle tanto. Como, si pensaba en él, creía atisbar un pequeño rayo de sol, y con él un no muy lejano futuro. Quizá por esa misma razón, cuando supe que iba a haber mar de por medio, tuve miedo de perder la última oportunidad de sentir que podía cambiar el mundo de un soplido.
Pero la esperanza es lo último que se pierde, y yo no estoy dispuesta a pasarlo por alto.

Dejemos que el destino sea quien se encargue de esto.


viernes, 27 de enero de 2012

Somníferos para despertar en lo profundo.

No tengo inspiración suficiente como para escribir si quiera cosas sin sentido; y eso sólo pasa cuando alguien arrasa mi vida. Y no he dicho destrozar; porque cuando digo destrozar quiero decir terminar, hacer pedazos. Y esta vez no estoy hecha pedazos, si no que ando recomponiéndolos entre café y café, mientras escucho música y sonrío. Y no me gusta la sensación de que las cosas no nos lleven a ningún sitio, que es lo que ocurre, ni más ni menos, pero tengo que soportar un error más. Espero que sea el último; pero tengo que arriesgarme. ¿Qué más puedo perder? Ya dejé atrás la dignidad, retazos de un ser insignificante que se convirtió en mis pesadillas nocturnas y una mancha de cola-cao sobre mis recién estrenados pantalones vaqueros. Así que, no me queda nada más que perder: olvidé en algún lado la única llave que recompone un recuerdo hecho trizas, y el paquete de tabaco que quitaba mi ansia de más. Y aquí sólo quedamos, mis estupideces, el tiempo y yo; y si no, tengo pruebas que lo demuestran.


                                                   Toma la llave de mi vida: entra, cierra la puerta y tírala por la ventana. 



sábado, 21 de enero de 2012

Time.

Me gusta pensar que no desperdicio los segundos imaginando cuentos perfectos, príncipes azules y ojos azules. Pero lo hago sin darme cuenta, lo prometo. No puedo cerrar los ojos sin que a mi me mente vengan viejos recuerdos, sueños que algún día quisiera cumplir, e historias demasiado estúpidas para creer en ellas; y a pesar de todo, sigo confiando en que los cretinos desaparezcan y por fin pueda ser todo lo que llevo dentro.
Ojalá las estrellas a las que pedí ciertas cosas, olviden lo que es no cumplir las ilusiones de cientos de personas, y devuelvan la felicidad que perdí el día menos pensado.


Olvidé decirte te quiero, pero gracias a ello aún conservo algo de orgullo tras tu marcha.

jueves, 19 de enero de 2012

Desesperanza y miedos varios.

Ayer, mientras el frío se colaba por entre mi blusa color salmón, pensé en ti. No pude evitar recordar como tus labios acariciaban cada recodo de mi cuerpo, como llevabas tu dedo índice por cada lunar, como murmurabas "te quiero" entre beso y beso.
A veces me pregunto que fue lo que pasó entre nosotros, que fue lo que nos llevó de la perfección al desastre. Un tsunami que arrasó con todo a su paso. Aún eres parte de lo que soy, pero no puedo cambiar más de lo que ya he cambiado, más de lo que he intentado cambiar.

Pero gracias por ser al menos un error en mi vida.

sábado, 14 de enero de 2012

Susurros de olvido.

La estancia se desdibujaba ante sus ojos vidriosos, empañados ahora por grandes lágrimas saladas que descendían por sus mejillas y acababan en su boca, llevándola el sabor amargo de un dolor pasajero, fugaz. Había olvidado cerrar con llave aquel cajón de recuerdos, donde su pelo castaño era el protagonista de sus desvelos, y sus ojos turquesa miraban febrilmente un futuro que se escapaba entre los dedos, como si de arena fina y blanca se tratase. Quizá si no hubiera aparecido aquel domingo nublado, las cosas no se hubiesen complicado. Puede que si hubiera hecho caso de sus palabras, nunca se hubiera arrepentido de amar tanto a alguien como lo hizo con él.

"- Zoe, quiero que me prometas algo que jamás hice prometer a nadie -su voz ronca me impedía decir que no, así que asentí, lista para averiguar de que se trataba- haz que tu cabeza se adelante a tu corazón, y dime que no te enamorarás de mí. Nunca.
Me reí para mis adentros, imaginándome cuantas horas habría estado preparando aquel descarado discurso, pero no hice amago de expresar aquellos sentimientos.
- Entonces júrame que no volverás a mirarme mientras duermo, que no sonreirás cuando baile frente al espejo, que no te reirás mientras te cuento mis desesperaciones matutinas, que no me observarás por la rendija de la puerta cuando leo, creyendo que no te veo -aún no había acabado con todas las cosas que hacía diariamente, sin pensarlo, cuando ya empezaba a atisbar en sus ojos un amor que crecía sin descanso, un algo que era recíproco y que llevaba mucho tiempo intentando traspasar las barreras de la amistad - Promete que no me acompañarás todas las mañanas hasta mi pastelería favorita en busca de los curasanes que me vuelven loca, que no leerás y releerás todas las palabras que escribo en mi libro de pensamientos e historias, que no serás sarcástico cuando entre por la puerta con cara avinagrada, que no me acariciarás cuando me sienta sola, que no me susurrarás cuentos de princesas para poder dormir, que no me taparás por las noches, que no me dirás una vez más "te echaré de menos, bicho", que no te imaginarás una vida conmigo. ¿Podrás hacerlo?"


Solamente aquel que construye futuro tiene derecho a juzgar el pasado.



miércoles, 11 de enero de 2012

Cosas inexplicablemente lejanas.

Bajo una repentina niebla de invierno, de esas que se te meten en el cuerpo y te enfrían hasta el alma, caminaba aquella tarde. El sendero de arena se había convertido en un barrizal inmenso, pero ella continuaba caminando hacia ninguna parte sobre sus zapatillas desgastadas, como si lo único importante allí fuera aquella línea imaginaria llamada horizonte. Quería traspasar sus barreras y sentir la libertad invadiendo su mundo al completo. Quería sentir que la vida era algo. Algo por lo que luchar las noches oscuras, las mañanas soleadas, las tardes sombrías y la horas muertas. Algo por lo que creer. Algo que se mereciese el nombre de vida.


Sin duda, las palabras que no dices, son siempre las que más duelen.

viernes, 6 de enero de 2012

La vida en doce líneas.

Cuando comienzas a creer en algo, se esfuma. Debe ser ese extraño momento en el cual te das cuenta de que las estrellas fugaces ya no conceden deseos, cuando realmente intentas abrir los ojos y ver el mundo desde una perspectiva diferente. No quieres que nadie te cuente como es el mundo, porque tú también quieres verlo, dices. Pero no es tan fácil, no. Las cicatrices que deja la luna parecen hechas con un cuchillo afilado, mientras que el sol borra todos los recuerdos negros, como de un plumazo. Tal vez la cobardía se convierta en coraje si miras desde lo más alto, sin miedo a caer, aunque sepas que ese mismo vagón en el que vas subido será preso de la gravedad de un momento a otro. Será coraje porque piensas salir del agujero negro, no porque no tengas miedo a caer. Y puede incluso, que si mientras caes haces el intento de mantener tu sonrisa, tengas una luz en lo profundo que te indique la salida más rápida. Y si gritas su nombre, su mano saldrá en tu busca; te cogerá y te llevará a un lugar seguro. Pero para ello, tienes que saber a quién llamar. Tienes que encontrar a esa persona que haga que los días sean más cortos, las tardes más felices, y con la que con una mirada pueda darte consejos de sabios. Y yo, la he encontrado.


La diferencia entre lo pasado y lo presente se encuentra en los recuerdos y las ganas de crearlos.


miércoles, 4 de enero de 2012

Desde dentro

Las palabras se agolpan en mi cabeza y piden salir a gritos. Sin embargo, aún estando ahí, siento un vacío enorme; no sé qué hacer con este silencio. Quizás encendí la luz demasiado tarde, y ahora la oscuridad invade cada rincón de este corazón maltrecho o tal vez fue la sensación de rápida feliz la que hizo que perdiera las ganas de seguir con esto. Pero lo que sí sé, es que este año ha empezado pisando fuerte.


Ando perdida en la ciudad del "no sé"