Sinbragueros y a lo loco ♥

domingo, 23 de diciembre de 2012

The last one.

Le encontré deambulando por las calles que daban a mi casa, de un lado a otro, de acera en acera. Le vi por la ventana del dormitorio, con su pelo revuelto y su barba de dos o tres días. Con sus vaqueros desgastados que tan bien le caían sobre las caderas, y ese aire enigmático que tanto me desesperaba. De vez en cuando se llevaba una mano a la cabeza y murmuraba algo para sus adentros, pero seguía caminando sin despegar la mirada del suelo. Estaba claro que no sabía que le espiaba. De hecho, es posible que ni siquiera se lo imaginara. Se paró ante mi portal, cogió aire e hizo amago de pulsar el botón de mi piso, cuando su mirada se encontró con la mía. Había esperado tanto el momento de encontrarme de nuevo con esos ojos negros, que cuando ocurrió apenas pude separarme de la ventana. En su cara se dibujó una mueca de felicidad y preocupación a la vez, pero al igual que yo, no quiso romper el hilo que por unos segundos nos unía. Pero acepté la realidad. Me había hecho daño, y yo se lo había hecho a él. De diferente manera, pero al final y al cabo ambos habíamos roto los esquemas establecidos, nos habíamos pasado de la raya. Y debíamos aceptar que lo que una vez fue importante para los dos, había cambiado nuestra forma de ver la realidad. Me aparté así del cristal, empañado por mi respiración agitada y por el frío del exterior. Vi por última vez su cara. Sé que no quería rendirse. Yo tampoco lo hubiera hecho, pero las cosas no siempre salen como tienen que salir.
Pronuncié un hasta siempre que cazó al vuelo.
Y se alejó, cabizbajo, de nuevo entre las callejuelas, sin volver la mirada atrás.


Y la historia acabó en un suspiro, dejando atrás lo que un día nos hizo felices.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Grandes historias.

Las cortinas dejaban poco espacio para que la luz las traspasara. Beth, recostada en la cama, rememoraba aquellos días en los que era incapaz de guardar la sonrisa bajo la máscara, en los que la vida le daba igual, porque sabía que podía contar con que pasara lo que pasase, él siempre estaría allí. Con sus brazos grandes alrededor de su cintura, sus miles de lunares y sus canciones absurdas. Cuanto echaba de menos volar por carreteras desiertas colgada de la ventana del coche, con un pequeño monstruo a su lado, que intentaba sacarle una sonrisa. Y de aquellos días de Navidad, en los que la ilusión por decorar toda la casa de arriba a abajo no dejaba espacio para los problemas. Y las horas muertas, viendo películas románticas, llorando como una niña pequeña. No cabe duda que los buenos tiempos aún duran, que las pequeñas cosas a veces son las que más hay que apreciar, y que los malos tragos pasan, como todo, sin apenas darse cuenta.


Cuanto tiempo sin una pizca de felicidad en la cara.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La historia termina cuando el vaso se vacía.

Me toca dar pasos en falso, palos de ciego. Lo hice y persisto. Parece ser que me gusta más de lo que desearía.
Tuve que volver atrás tantas veces que ya no recuerdo ni en qué día vivo. Voy dando saltos, rehaciendo escenas. El pasado ajado, fugaz. El extralímite de lo que mi cabeza me permite. La imagen de un "no" que hizo añicos el anhelo de ver sus ojos de nuevo. Un "jamás" bajo los pliegues de la piel. En silencio me pedían que el impulso me llevara a probar sus labios de nuevo. Pero como siempre, la cabeza lleva al corazón por el camino más razonable. Y cuánta rabia me da que me maneje el subconsciente, un "qué dirán", un "¿En serio vas a volver a hacerlo?" que hiere como el filo de un cuchillo. Resbalan las lágrimas, siempre que puedas escapar. Si no es así, no sofocan, si no que ahogan. Y te llevan a rodar entre las sábanas, oscuras, rozando los por qué y los por qué no.
Ser la pluma que lleva el viento, la luz que ciega, el poco rimel que queda tras expulsar los residuos de esencia que quedan en el cuerpo, es más fácil que emponzoñarte de miedo. Pero quién niega un chupito de Jack Daniel's y un cigarro a media tarde.



Heridas consumidas por la ceniza.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Aún te necesito.

Aún pienso cada fecha en ti. En mí. En lo que fuimos el uno para el otro. En aquel instante no pensé que te tendría cada minuto en mi cabeza, susurrándome que lo hice mal. No sé si por el hecho de haberte dejado, o por no quererte como es debido. Sin embargo, las cosas han cambiado, y ya no encuentro tus ojos entre la multitud. Lo peor de todo, es que cada vez que algo me recuerda a ti, me late fuerte el pecho. Y no puedo evitarlo. Y lo confieso, monto escenas como piezas en mi subconsciente, en las que me acerco a ti y te suplico que no me saques de tu vida a base de silencios. Que ya no puedo cambiar lo que tuvimos, y que aunque me obligaran no lo haría. Que fuiste más que un capricho. Créeme. Y que creí haberte hecho suficientemente feliz. Yo sólo pretendía hacer las cosas bien, pero eso en mi mundo no funciona. Y me rompe por dentro sentir que cada día es más duro decirte adiós. Que empieza otro año, y que estoy segura de que no querrás ver que no fue tan fácil decirte hasta nunca. Porque lo que de verdad quería decir era que tenía miedo. Como siempre.


Algún día daré con la solución. Algún día podré mirar al miedo a la cara y hacerle ver que ya no soy manejable.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Los días pasados.

Le oigo hacer las maletas desde mi habitación. Abre cajones, armarios, saca su vida y la empaqueta. Buscando la forma fácil de escapar, de olvidar los problemas y de acabar con los malos tragos. Cuando uno es escéptico, es más fácil abandonar viendo sólo lo malo. He intentado detenerle con mi única arma, y sigue adelante. A lo mejor debería arrodillarme y decirle que se quede, pero mañana volvería a ser el mismo. Necesita dejar atrás lo que un día quiso como vida, y avanzar como persona cuanto y donde quiera. Prefiere encerrar su pasado y continuar su vida como si nada, a derramar unas cuantas lágrimas y solucionarlo a la vieja usanza.
Ha cerrado la penúltima puerta, y no tiene intención de dejar la que queda abierta. Le oigo suspirar, y me rompe el alma. Y quiero autodestruirme expulsando todo lo que me rompe por dentro, pero no quiero parecerme a él. Aún me queda mucho que luchar, no abandonaré, maleta en mano. 

Pero las cosas a veces son distintas de lo que parecen. Ha vuelto a dejar las cosas en su sitio, aunque la maleta aún está al pie de la cama.
Aún queda esperanza, que es lo último que se pierde.


Quédate con los momentos buenos. Los días de cocina, en los que terminábamos llenos de harina y con el estómago lleno. Los días que salíamos al monte. Los días que aún nos quedan por vivir. Quédate con lo que aún nos queda.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Ron y lágrimas para regresar al pasado.

Chlöe tenía entre sus manos la única posibilidad de ser feliz. Pero no la quería. No quería ver como destrozaba otra vida, al igual que había hecho durante todos aquellos años. La llama se extinguía y de pronto volvía a ocurrir. La catástrofe, el miedo y la inconsciencia. El apagar la poca llama extinta a base de ron y lágrimas, de refugiarse en otros brazos distintos. Eficaces si a mantenerse en pie se refería, pero no a olvidar lo que guardaban sus sábanas blancas. No quería admitir que algún día tendría que dejar de ser la presa fácil, de enamorarse de quien no debía y de asumir riesgos. Dadas las circunstancias, quería que el momento llegara, pero el futuro es tan inexacto y tan oscuro a veces, que como siempre, florecía el deseo de regresar al pasado, de creer en mentiras baratas y de  descubrir lo que ya había catado. 
El tiempo pasa, y la atrapa. Bajo su cama donde alguna vez encontró refugio. Donde ahora solo quedan lágrimas.


No me recuerdes como quién fui, si no como volveré a ser.

lunes, 22 de octubre de 2012

El último infinito.

Aún me quedan restos de tus besos en los labios, y eso no es bueno cuando los míos se han perdido.

Perdió el poder sobre sus miedos, sobre sus frustraciones y dijo adios al último infinito que le quedaba. Todo parecía un bucle sin sentido. Con migas del pasado entre las manos, porque aún no he olvidado que cuanto más raras eran las cosas, más perfectas parecían. Para mí lo siguen siendo, aunque no tenga el valor de mover los pies del sitio y enfrentarme a mi pesadilla cara a cara. Aunque no sepa cómo decir que lo siento, que ojalá las cosas no hubieran sido tan parecidas al desastre, a la locura, a lo inevitable. Es muy dificil seguir hacia delante, con la cabeza alta, cuando sé que sigues detrás, esperando. Por lo inevitable. No sé si es algo que llevo dentro, pero a veces desearía poder cambiar las cosas de sitio, volver y decir que nunca quise ser quien era.

All ways have an end.

lunes, 15 de octubre de 2012

Vacío concreto.

A veces lo último que esperas es tener que pedir perdón, o tener que ponerte en su piel, en la que parece decirte "cómeme" desde la otra punta de la cama. Pero se nos enredaron las sábanas y las promesas, aunque sea así como pasan las cosas. Unas veces salen mal, y otras también. Créeme que me gustaría poder decirte "te quiero" todas las mañanas y todas las noches que hicieran falta, pero a mi ya no me quedan ganas de salvarme del infierno, o del hoyo donde me he metido; ni a ti del tuyo. Supongo que sería ideal poder llevarse por la razón y de un chasquido decir "me tienes a tus pies" a la persona ideal. Pero el corazón sigue su ritmo, su camino y la historia que le da la gana, como el resto de la gente.
A veces debería aguantarme las ganas de salir corriendo.


Siento decirte que las cosas son muy diferentes a como las imaginas.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Flores marchitas a mi lado del jardín.


Un mes y medio borrando su rostro. Milímetro cuadrado a milímetro cuadrado, a fuerza de negación, de vodka caliente, de libros leídos, de películas vistas y de ansiolíticos. Un mes y medio que, es obvio, sigue pareciéndome una eternidad sin que me bese. Pero los errores cometidos y los deslices que nadie quiso entender se han ido acumulando, como los recuerdos de las calles llenas en las que sólo estábamos él, yo y lo que por aquel entonces era un nosotros. Me castigué en su momento por haberle dejado escapar, pero hay cosas que nunca cambiarán. Como mi insensatez y mi miedo a fracasar. Como las horas que no pensaba que el final estaba cerca. Pero qué le voy a hacer si no tengo fuerzas para acariciarle sin que mi conciencia me reconcoma los huecos entre el corazón y la razón. Ojalá hubiera podido decirle qué fue para mí antes de que el silencio nos separara, y haberle explicado que no me cuadraban los cálculos. No teníamos más que una pizca de alma que regalarnos, una pizca de tiempo para querernos y demasiado orgullo para decirnos lo que de verdad importa. Pero ya es tarde, y sólo nos queda olvidarnos.


Algún día entenderás que nunca quise hacerte daño.

viernes, 13 de julio de 2012

Y es que no nos queda más..


Que tiemble todo aquel que asegure que no somos nadie, que tiemble aquel que no confíe en nosotros, porque dentro de la coraza hay un corazón que late por cada segundo, cerca o lejos. Que si, que las paranoias atacan, como perros rabiosos, que no hay manera de frenar los celos, la distancia y todo lo que nos impide vernos las caras, pero eso no hará que nos olvidemos de que siempre será un nosotros. Infinito al cuadrado, y mucho más allá. Porque nadie nunca le querrá como yo le quiero, ni se reirá tanto con sus “patadas”. Que no somos lo que parecemos, no nos engañemos a la hora de juzgar. Que las sonrisas son más verdaderas de lo que parecen, y los ojos brillantes significan un mundo de los nuestros. Basta de palabras, porque los hechos son ciertos, palpables y demostrables.





domingo, 10 de junio de 2012

The girl who writed you.

Madrid seguía siendo la misma de siempre, con sus terrazas al sol, su ajetreo matutino, y con millones de personas compartiendo aire. Sin embargo, aquel día las nubes tenían cara de noche.
En el piso de una calle y un portal cualquiera, un chico pelirrojo se preguntaba el por qué de su existencia. Una pregunta filosófica que muchos otros se habían cuestionado antes. Puerta con puerta coexistía una anciana mujer, de ojos grisáceos y pelo cano, que miraba desde el balcón todos esos desconocidos que se paseaban arriba y abajo. A sus pies, o más bien bajo ellos, la chica del supermercado cerraba de un portazo la entrada de su habitación. Tras ella, unos padres al borde del divorcio cerraban también los puños y la boca, procurando recuperar la tranquilidad. En el primero A, otra chica bebía desesperanzada de una botella de vodka caliente, que junto al murmullo de fondo de la televisión, apagaba sus pensamientos. Y por último, justo en el piso contiguo al mío, un bajo B, igual que el hombre de buen talante que subsistía a base de pizzas tras sus cuatro paredes. Lo gracioso era ver, como este, que rondaba los treinta, poseía no menos de cinco o seis máquinas de gimnasio, que adornaban su salón.
Yo, durante aquella época, acababa de aterrizar en el Bajo A, y todavía no sabía la cantidad de historias que podría contar de todas aquellas vidas ajenas, que se convertirían casi en mi  propia familia.



Y así fue como me encontré dentro del torbellino de emociones que abarcaba ese pequeño espacio, con un chubasquero amarillo y envuelta en el perfume de las rosas de aquel extravagante piso.

domingo, 13 de mayo de 2012

El calor de tu sonrisa.

Era una terraza llena de flores de mil colores; un cuarto, o tal vez un quinto. Con vistas a vidas ajenas, algo que hacía desaparecer los temores del día a día. Por la mañana, el sol deslumbraba entre las cortinas blancas, para avisar de que el día empezaba de nuevo; mientras que por la noche, la brisa nocturna apagaba todas las llamas de la casa. Era recorrer sus pasillos y sentir que algo te llenaba, puede que por aquellos colores, perfectos en cada instante, por el olor a bollos caseros, o por la habitación color canela. Aquella donde tantas cosas pasaban, aquella donde se respiraban recuerdos. 
Todo aquello era parte de una vida, escondida entre cuatro paredes y una ventana, entre la noche y el día. Un alma perdida, una sonrisa apagada.



Pero cambió el rumbo del destino, lo hizo con su ayuda, con sus manos hábiles y con sus ojos índigo.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cosas infinitas y otros desperfectos.

Es imposible no pensar en que algo malo viene pisándote los talones. Es demasiada felicidad para un cuerpo tan pequeño, pero me alegra saber que aún cabe algo más. Una sonrisa acompañada de una cerveza bien fría.
Qué momentos. El uno frente al otro, susurrando te amos sobre París.
Es mi hombro amigo, mi sonrisa favorita, y los ojos más bonitos del Universo.
Lo mejor de todo, es que toda su perfección forma ahora parte de mi vida.


No me fío de tanta felicidad, se esconde algo malo detrás de todo. No es escepticismo, es realismo puro.

lunes, 30 de abril de 2012

Algo parecido a ti.

Hubo preguntas. Demasiadas preguntas, demasiado alcohol, demasiada tensión. Demasiados sentimientos, demasiadas cosas que pensar. Pero respondí. Y lo hice con un "quizás" poco convencional. Con una botella de vodka casero, con los labios pintados de rojo pasión, y con un te quiero bajo los pliegues de mi piel.
Así fue como comenzó nuestra historia, sobre un montón de nubes negras, que refunfuñaban bajo nuestros pies. Una historia que no nos hacía justicia, para sernos sinceros.


Es mejor ser rey de tus silencios, que esclavo de tus palabras.


miércoles, 28 de marzo de 2012

Convirtámonos en polvo de estrella.

Hubo muchos errores que cometer, muchas locuras que, una tras otra, dejaban su pequeña secuela sin apenas darnos cuenta. Eran aquellos besos sin apenas conocimiento los que me dejaban al borde de la exasperación. Pero muchas cosas cambiaron tras aquel fatídico día. Creíamos que escapar del destino significaba morir de placer, y nos equivocamos con cada noche que pasábamos pegados el uno al otro. Nos hicimos daño; mucho daño, tal vez incluso demasiado. Y las palabras ya no suenan igual de tu boca. Los sentimientos flotan, como pequeñas motas de polvo, pero sin atreverse a posarse en nada ni nadie, por si causan el mismo escozor que el que sentía en mi entrepierna cada vez que te alejabas. Calle arriba, como cada noche. Calle abajo, cada madrugada. Y a mi se me hacía la boca agua al verte caminar. Ojalá lo volvieras a hacer algún día frente a mi ventana. Nada de viejos recuerdos. Partamos de un futuro posible, de un azul zafiro, de un rojo pasión, de un beso de éxtasis profundo. 
Partamos de un amor que signifique más de lo que podríamos contar.


Pero no rompamos más pedazos de nada, por favor.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Hilos y verdades, que un día fueron parte de nuestras vidas.

Resurgió de las cenizas, como si nunca se hubiera ido. Dean tenía ese poder, que inexplicablemente siempre me sacaba de quicio. Cada vez que me miraba desde el fondo de la habitación de hotel, sentía que mi cuerpo se tensaba, evitando salir corriendo hacia el lugar más alejado posible. Reconozco que aquellos días de verano más de una vez tuve la sensación de vivir evitando a cada segundo el pánico de verle aparecer. Sí, pendiente día y noche de que estuviera a más de un kilómetro. De que su olor no me embriagara demasiado. De no ver esos ojos que en su día significaron un mundo. Maldito tú. Desaparece.


La noria en la que una vez atamos un hilo que jamás nos separaría. A veces me odio por ello, y otras rezo para tú no lo hayas roto ya.

sábado, 17 de marzo de 2012

Everybody hurts.

Golpe tras golpe, su pequeño cuerpo se encogía. Caída tras caída, lloraba y se volvía levantar. Nunca fue una niña prodigio, ni afortunada. Pero era feliz con una mirada más cálida de lo habitual, con alguien que le diese conversación, con quien fuera capaz de sacar a la luz un mínimo amago de sonrisa en su dulce cara. Ojos vivaces y mente despierta, buscaba una razón para tener esperanza. Y pasó. Pasó que se perdió entre las calles vacías, entre los muros de piedra y madera, entre la tierra y el mar. El ocaso quiso dar paso al anochecer, y algo más oscuro que el miedo cegó lo poco que quedaba de ella en aquel pedazo deshecho de corazón. Se agitaba por encontrar una verdad olvidada, un resto, por pequeño que fuera, de quién fue y que había escapado de la crueldad del destino. Tal vez algún día saliera de esa cárcel en la que inexplicablemente había acabado, o tal vez se consumiera como el cigarrillo de las ocho. Esperando el tren que le devolviese la libertad de ser alguien, de sentir, de querer.


El mayor placer en la vida 
es hacer lo que la gente te dice que no eres capaz de hacer.  


sábado, 10 de marzo de 2012

Jeanette encontró su secreto.

Jeanette era la chica más sencilla del universo, pero en su interior ocultaba un complejo mundo. Entre sus manos escondía un secreto, un don. Era la chica de la poesía nocturna, esa que solo pensaba en el suspiro de la lluvia, en el vapor del chocolate caliente, en la brisa del mar. Dentro de su cabeza, los pensamientos revoloteaban como mariposas, a su libre albedrío, posándose en cualquier lugar, y cambiando el aspecto de las cosas a su antojo. Se sentía capaz de todo, según el día. Y amaba al chico de los ojos azules por encima de todo, estuviese donde estuviese.



Que casualidad, diría ella. Pero así es él, se llama destino.

jueves, 8 de marzo de 2012

Haciendo lo imposible por pensar en algo bonito.

Éramos como dos desconocidos que se conocen muy bien. Y entonces, llegó el invierno y su incansable música de fondo, con la que cada noche dormías abrazado a la almohada. Hubiera deseado que aquellos enormes abrazos, interminables y certeros ocuparan mis sueños, pero tenías cosas más importantes de las que ocuparte. Te fuiste, hace tiempo que pensabas dejar de lado tu vida y lo que eso significaba. Un peso pesado que ya no es lo mismo de antes. Y yo te echo de menos, pero es posible que ir a buscarte sea la última de mis opciones. Hasta entonces, me quedaré escribiendo algo que nadie va a leer, porque, ¿a quién le importa lo que lleve dentro?


Me gusta ver que no es otro cualquiera.



martes, 6 de marzo de 2012

No soy tan buena como las demás, pero eso no significa que tenga que rendirme.

Busqué tanto tiempo en los restos de melancolía que se escondían en los fondos de mi armario, que cuando encontré un resquicio de presente me asusté de veras. Quizá la idea de ver unos ojos azules cada mañana y una sonrisa perfecta, no era precisamente lo que pretendía encontrar entre la ropa del día anterior. Pero me tiré de cabeza.
A lo mejor me he equivocado.
A lo mejor es mi primer acierto en años.
A lo mejor esto no es un fracaso de nuevo.
A lo mejor sólo me gusta sentir que tengo algo en lo que creer.
Pero es que le quiero, creo sé que le quiero.


Solo te quería para un rato. De esos que duran una eternidad 





jueves, 1 de marzo de 2012

Dime que soy un pájaro.

Hacía tiempo que no sentía algo tan perfecto, esa sonrisa acompañada con un buen café, un paseo al lado del río, mojándonos las ideas. Cuanto echaba de menos besar unos labios como los suyos, verle dormir, como un angelito. Abrazarle y sentir como su corazón se acelera en cuento le rozo, los mordiscos a media tarde, las miradas profundas. "No lo diré más, lo prometo" Y me encanta decir, que nunca cumplo las promesas. Es una ventaja, ¿no?


Algunas cosas deberían haber cambiado, pero me alegro de que no lo hayan hecho todavía.

lunes, 27 de febrero de 2012

Hay tres maneras de hacer las cosas: la correcta, la incorrecta y la mía.

Ella odiaba morderse las uñas, el café tibio, la mantequilla de cacahuete por las mañanas, las mil calorías de todos las bolsas y guarrerías que le estaba prohibido comer, las montañas a las cuales había que subir, las miradas de reojo, los platos sucios sobre la mesa. El pelo grasiento, el color verde, la gente guapa, el ego, el sudor. Odiaba tantas cosas, que después de ver todo aquello en su pequeña libreta rosa, dudó por unos instantes que la vida tuviese cosas buenas... Pero amaba a aquel chico de ojos azules, sus sonrisas, los besos ajenos, los sueños, el color rojo, los pantalones cortos, el olor a nenuco y a bebé, las horas muertas, el sol de primavera, la gente que se abrazaba, las madrugadas entre sábanas ajenas, los recuerdos bonitos, viajar, dormir, vivir.


No, no es justo decir que las cosas malas ganan a las bonitas; porque es cierto que una sin la otra, no saben vivir.


Hay tantas cosas por las que sonreír...

lunes, 13 de febrero de 2012

Me llaman Otoño desde que sólo pienso en ti.

Dime cuantas veces me has mirado a los ojos y no has visto más que sueños incompletos y locuras incomprendidas. Dime si he acertado en que la lluvia iba a inundarme otra noche más; una de cientas. No quise arriesgar un día, ni otro, ni otro más por miedo a que el mundo me aplastara con su fuerza y me dejara exhausta bajo el frío suelo de mármol. Un suelo que se asemeja a tus ojos azules, que me escrutan desde el otro lado y se imaginan cómo sería una vida sin mi. Y al final no he hecho más que perder, ya no funciona nuestro tácito "si no arriesgas no ganas", porque aún no he ganado ni una sonrisa.

Haciendo balance positivo de todas las situaciones incómodas y tardes sin final, me quedo con tu roce al pasar, y tus manos blancas rodeando mi cintura. Pero no quiero tener que infringir las normas y enamorarme de ti otra vez, porque los errores ya los cometimos, y yo jamás repito.







domingo, 12 de febrero de 2012

El silencio es el grito mas fuerte.

- Vamos a vivir -dijiste, mirándome con aquellos ojos brillantes.
- ¿Acaso no lo hacemos ya? -murmuré entre las sábanas.
Me tendiste tu mano y entendí que mi mundo comenzaba donde se acababa el tuyo, que no podía evitar sonreír cada vez que decías alguna estupidez, ni si quiera cuando pretendías ser serio. Entendí que el cielo no es el cielo hasta que no hay alguien a quien deseas ver desde hace tiempo, que no hay hogar si no hay alguien esperando allí, que no hay vida sin un "te quiero" entre líneas. Que no hay nada sin un corazón latiendo.



Me hiciste recordar cosas que jamás esperaría que me hicieran feliz, pero allí estabas tú, con tu sonrisa de medio lado y tus ojos de pájaro carroñero, y una verdad a medio camino entre el silencio y la risa.

jueves, 9 de febrero de 2012

Dicen que queda cordura, pero yo no la encuentro.

Hice amago de preguntarte algo, tal vez el por qué de tu cara sarcástica cuando paso por tu lado, pero me pareces tan sumamente ridículo que no voy a desperdiciar un segundo; ni una gota de saliva haciéndote ver que las cosas no son como dices que son. Quizá hoy sólo busque la manera de deshacerme de algo que no me pertenece, algo que debía haber olvidado hace ya algún tiempo. Pero los hechos me superan en número y peso, y ¿qué iba yo a hacer con tanto vacío en mi cabeza?


Desapareció un te quiero y volvió la sensación de asco.

viernes, 3 de febrero de 2012

Madrugadas con olor a ti.

Recuerdo aquella tarde como si fuera la única de toda mi vida; como con dos palabras me hiciste creer que todo se rompería en mil pedazos. Y no hablo de un te quiero, no hablo de amor, ni de sonrisas. Porque, no necesito creer en algo tan frágil como esto, prefiero infiltrarme en tus sueños, donde estoy segura que no me encontrarás.


Algún día recopilaré todo lo que pasamos juntos y diré: "te quise"

sábado, 28 de enero de 2012

Mar y distancia.

Hice todo lo posible por no soñar con él. A lo mejor descubría que le espiaba en mi imaginación, y entonces me moriría de vergüenza; pero tras la tila que me tomé, el sueño vino rápido, y su mirada de ojos castaños no tardó demasiado en aparecer en escena. Era extraño como sin apenas conocerlos, estando a tantos kilómetros de distancia, podía quererle tanto. Como, si pensaba en él, creía atisbar un pequeño rayo de sol, y con él un no muy lejano futuro. Quizá por esa misma razón, cuando supe que iba a haber mar de por medio, tuve miedo de perder la última oportunidad de sentir que podía cambiar el mundo de un soplido.
Pero la esperanza es lo último que se pierde, y yo no estoy dispuesta a pasarlo por alto.

Dejemos que el destino sea quien se encargue de esto.


viernes, 27 de enero de 2012

Somníferos para despertar en lo profundo.

No tengo inspiración suficiente como para escribir si quiera cosas sin sentido; y eso sólo pasa cuando alguien arrasa mi vida. Y no he dicho destrozar; porque cuando digo destrozar quiero decir terminar, hacer pedazos. Y esta vez no estoy hecha pedazos, si no que ando recomponiéndolos entre café y café, mientras escucho música y sonrío. Y no me gusta la sensación de que las cosas no nos lleven a ningún sitio, que es lo que ocurre, ni más ni menos, pero tengo que soportar un error más. Espero que sea el último; pero tengo que arriesgarme. ¿Qué más puedo perder? Ya dejé atrás la dignidad, retazos de un ser insignificante que se convirtió en mis pesadillas nocturnas y una mancha de cola-cao sobre mis recién estrenados pantalones vaqueros. Así que, no me queda nada más que perder: olvidé en algún lado la única llave que recompone un recuerdo hecho trizas, y el paquete de tabaco que quitaba mi ansia de más. Y aquí sólo quedamos, mis estupideces, el tiempo y yo; y si no, tengo pruebas que lo demuestran.


                                                   Toma la llave de mi vida: entra, cierra la puerta y tírala por la ventana. 



sábado, 21 de enero de 2012

Time.

Me gusta pensar que no desperdicio los segundos imaginando cuentos perfectos, príncipes azules y ojos azules. Pero lo hago sin darme cuenta, lo prometo. No puedo cerrar los ojos sin que a mi me mente vengan viejos recuerdos, sueños que algún día quisiera cumplir, e historias demasiado estúpidas para creer en ellas; y a pesar de todo, sigo confiando en que los cretinos desaparezcan y por fin pueda ser todo lo que llevo dentro.
Ojalá las estrellas a las que pedí ciertas cosas, olviden lo que es no cumplir las ilusiones de cientos de personas, y devuelvan la felicidad que perdí el día menos pensado.


Olvidé decirte te quiero, pero gracias a ello aún conservo algo de orgullo tras tu marcha.

jueves, 19 de enero de 2012

Desesperanza y miedos varios.

Ayer, mientras el frío se colaba por entre mi blusa color salmón, pensé en ti. No pude evitar recordar como tus labios acariciaban cada recodo de mi cuerpo, como llevabas tu dedo índice por cada lunar, como murmurabas "te quiero" entre beso y beso.
A veces me pregunto que fue lo que pasó entre nosotros, que fue lo que nos llevó de la perfección al desastre. Un tsunami que arrasó con todo a su paso. Aún eres parte de lo que soy, pero no puedo cambiar más de lo que ya he cambiado, más de lo que he intentado cambiar.

Pero gracias por ser al menos un error en mi vida.

sábado, 14 de enero de 2012

Susurros de olvido.

La estancia se desdibujaba ante sus ojos vidriosos, empañados ahora por grandes lágrimas saladas que descendían por sus mejillas y acababan en su boca, llevándola el sabor amargo de un dolor pasajero, fugaz. Había olvidado cerrar con llave aquel cajón de recuerdos, donde su pelo castaño era el protagonista de sus desvelos, y sus ojos turquesa miraban febrilmente un futuro que se escapaba entre los dedos, como si de arena fina y blanca se tratase. Quizá si no hubiera aparecido aquel domingo nublado, las cosas no se hubiesen complicado. Puede que si hubiera hecho caso de sus palabras, nunca se hubiera arrepentido de amar tanto a alguien como lo hizo con él.

"- Zoe, quiero que me prometas algo que jamás hice prometer a nadie -su voz ronca me impedía decir que no, así que asentí, lista para averiguar de que se trataba- haz que tu cabeza se adelante a tu corazón, y dime que no te enamorarás de mí. Nunca.
Me reí para mis adentros, imaginándome cuantas horas habría estado preparando aquel descarado discurso, pero no hice amago de expresar aquellos sentimientos.
- Entonces júrame que no volverás a mirarme mientras duermo, que no sonreirás cuando baile frente al espejo, que no te reirás mientras te cuento mis desesperaciones matutinas, que no me observarás por la rendija de la puerta cuando leo, creyendo que no te veo -aún no había acabado con todas las cosas que hacía diariamente, sin pensarlo, cuando ya empezaba a atisbar en sus ojos un amor que crecía sin descanso, un algo que era recíproco y que llevaba mucho tiempo intentando traspasar las barreras de la amistad - Promete que no me acompañarás todas las mañanas hasta mi pastelería favorita en busca de los curasanes que me vuelven loca, que no leerás y releerás todas las palabras que escribo en mi libro de pensamientos e historias, que no serás sarcástico cuando entre por la puerta con cara avinagrada, que no me acariciarás cuando me sienta sola, que no me susurrarás cuentos de princesas para poder dormir, que no me taparás por las noches, que no me dirás una vez más "te echaré de menos, bicho", que no te imaginarás una vida conmigo. ¿Podrás hacerlo?"


Solamente aquel que construye futuro tiene derecho a juzgar el pasado.



miércoles, 11 de enero de 2012

Cosas inexplicablemente lejanas.

Bajo una repentina niebla de invierno, de esas que se te meten en el cuerpo y te enfrían hasta el alma, caminaba aquella tarde. El sendero de arena se había convertido en un barrizal inmenso, pero ella continuaba caminando hacia ninguna parte sobre sus zapatillas desgastadas, como si lo único importante allí fuera aquella línea imaginaria llamada horizonte. Quería traspasar sus barreras y sentir la libertad invadiendo su mundo al completo. Quería sentir que la vida era algo. Algo por lo que luchar las noches oscuras, las mañanas soleadas, las tardes sombrías y la horas muertas. Algo por lo que creer. Algo que se mereciese el nombre de vida.


Sin duda, las palabras que no dices, son siempre las que más duelen.

viernes, 6 de enero de 2012

La vida en doce líneas.

Cuando comienzas a creer en algo, se esfuma. Debe ser ese extraño momento en el cual te das cuenta de que las estrellas fugaces ya no conceden deseos, cuando realmente intentas abrir los ojos y ver el mundo desde una perspectiva diferente. No quieres que nadie te cuente como es el mundo, porque tú también quieres verlo, dices. Pero no es tan fácil, no. Las cicatrices que deja la luna parecen hechas con un cuchillo afilado, mientras que el sol borra todos los recuerdos negros, como de un plumazo. Tal vez la cobardía se convierta en coraje si miras desde lo más alto, sin miedo a caer, aunque sepas que ese mismo vagón en el que vas subido será preso de la gravedad de un momento a otro. Será coraje porque piensas salir del agujero negro, no porque no tengas miedo a caer. Y puede incluso, que si mientras caes haces el intento de mantener tu sonrisa, tengas una luz en lo profundo que te indique la salida más rápida. Y si gritas su nombre, su mano saldrá en tu busca; te cogerá y te llevará a un lugar seguro. Pero para ello, tienes que saber a quién llamar. Tienes que encontrar a esa persona que haga que los días sean más cortos, las tardes más felices, y con la que con una mirada pueda darte consejos de sabios. Y yo, la he encontrado.


La diferencia entre lo pasado y lo presente se encuentra en los recuerdos y las ganas de crearlos.


miércoles, 4 de enero de 2012

Desde dentro

Las palabras se agolpan en mi cabeza y piden salir a gritos. Sin embargo, aún estando ahí, siento un vacío enorme; no sé qué hacer con este silencio. Quizás encendí la luz demasiado tarde, y ahora la oscuridad invade cada rincón de este corazón maltrecho o tal vez fue la sensación de rápida feliz la que hizo que perdiera las ganas de seguir con esto. Pero lo que sí sé, es que este año ha empezado pisando fuerte.


Ando perdida en la ciudad del "no sé"