Sinbragueros y a lo loco ♥

domingo, 25 de septiembre de 2011

Una de mil.

Mi conducta autodestructiva no me lleva a ningún sitio, tan solo hace que cada día me vea peor ante el espejo. Me siento perdida en un mundo que no es para mí, hay demasiada tentativas. Hay demasiada competencia. Hay demasiadas cosas por las que disgustarse, por las que creer que todo va ir a peor, por las que darte un atracón que desemboca en donde nadie le gustaría estar.
Porque estar harta de ser quien eres no debería ser motivo de risa, y sin embargo soy la primera que se ríe de ver en lo que se ha convertido. De saber que nunca llegará a ser un resquicio de lo que sueña, ni una ilusión de lo que desea.

Hoy me he hundido en un pozo sin fondo.
Tal vez mañana aparezca en medio del mar.


sábado, 24 de septiembre de 2011

Hagamos de este mundo un lugar más bonito.

Hay ciertas ocasiones en las que no puedes evitar sonreír, en las que el deseo puede con ese desconcertante desorden de tu subconsciente, en las que una mirada puede encender hasta la última parte de tu cuerpo sin explicación aparente. En las que ser tu misma es motivo de risa, en las que te da igual que te juzguen, que te hagan sufrir. Puede que todo tenga una minúscula parte de razón dentro de tanta locura; pero yo prefiero seguir viviendo dentro de una burbuja donde solo caben los buenos momentos. Donde no necesito pedir permiso para seguir sonriendo. Donde lo sueños se hacen realidad tan pronto como los miras a la cara.



Que la estupidez supere a la realidad.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Palabras que no dicen nada.


Hoy la inspiración es nula. No quiero escribir sobre lo que ocurre a mi alrededor, parece que todo es gris y oscuro. No quiero pensar sobre lo que me rodea, lo cruel que es todo, lo difícil que se torna con cada segundo que pasa. La fiereza que se me acumula al pensar en la injusticia que cada día asola el mundo. Y ya no hablo de millones de kilómetros más allá, hablo de aquello que se esconde en la esquina de mi calle, de la tuya o de la de tu primo. Hablo del miedo que se respira en el aire, del frío que se extiende por cada cuerpo, de la insignación que se acumula en cada poro de nuestra piel. Estoy hablando de como nos estamos convirtiendo en las personas desdichadas que no deberíamos, que buscan refugio tras las palabras de otros, tras su opiniones que nosotros obviamos. De como todo se está pasando de vuelta, todo va más rápido. Pero yo soy una milésima en este maldito lugar. Y cómo me gustaría poder cambiarlo todo. Y con todo me refiero a todo.



Quizás sea hora de cambiar.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mi fuego de cada noche.

¿Por qué no soy capaz de matar a tiros las mariposas que me queman el estómago día y noche? Aún no lo he averiguado, pero algún día seré capaz de desprenderme de tu sonrisa, aunque sea a base de tequila, a tus te quiero sin sentido, a tus pensamientos en blanco y negro y a las noche en vela buscándote a tientas. Y por más que bailo sobre la alfombra roja de mi habitación, no consigo olvidarte. Por más copas que me suplican al oído que tome, soy incapaz de sacarte de donde te he metido. Y esta vez no son armarios.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuentos de príncipes y principesas.

- Déjame decirte que yo no he olvidado, que me he pasado noches en vela imaginándome qué podría haber sido de nosotros. Siempre dije que éramos polos opuestos y que por eso éramos almas gemelas. El uno para el otro. Pero nadie me hizo caso; y siguen sin hacérmelo.
Y mírame ahora, parezco una niña pequeña siguiéndote a escondidas, detrás de las farolas, entre los coches y en el autobús de ida. Porque nunca vuelvo. Siempre me quedo bajo tu portal mirando las estrellas y rogando a nadie sabe qué, que bajes y me veas; tendría que inventar una buena excusa, pero eso es lo de menos.
Y sí, el destino está escrito, pero nosotros podemos borrarlo de un suspiro, con un beso o un abrazo. Con un te quiero, con una caricia. Con cualquier cosa menos con el odio, la distancia y el olvido.
Porque quiero que me recuerdes como aquella chica boba que hizo que sonrieras día y noche, porque creía que lo más bonito del mundo era tu sonrisa. Y que no te dejaba dormir. Porque si tus ojos se cerraban su mundo se oscurecía.
Aún espero que algo haga que te des cuenta de que mis palabras son unas, y mis pensamientos otros. Seguiré esperándote en las escaleras. Sí, aquellas en las que compartimos tantos momentos que me cuesta comprender como no se han aburrido ya de nosotros. Te esperaré aunque sea en las nubes. O debajo de la cama, tal vez. Pero vuelve y dime que soy lo más bonito que te ha pasado, y entonces volveremos a ser nosotros en vez de tú y yo.


He perdido a mi príncipe azul, o puede que nunca lo haya encontrado. Pero no la esperanza.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Alguien como tú.

Hoy no me veo con fuerzas suficientes para admitir en voz alta que me siento sola. No hay nadie por la cuál hacer de tripas corazón, ni sonreír, ni si quiera llorar. No hay nadie que convierta las noches en una odisea de pensamientos y palabras. No hay nadie por la cual sentir algo especial, alguien con quien compartir más que un beso y más de mil sonrisas. 
No estoy pidiendo un regalo divino, de hecho, no pido nada.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Diez segundos y medio-

Diez segundos y medio he tardado en darme cuenta de lo fácil que es perder, de lo frío que es pensar que nada volverá a ser lo mismo, tan solo la idea sobrecoge. Quizá por eso hoy no me encuentre con ganas de decir algo coherente de todo esto. O quizá sea solo la falta de tiempo. El café se ha vuelto más amargo de lo habitual, y tu ya no estás ahí para darle el toque de gracia. La mesa está vacía, falta tu mirada y tus roces bajo ella. Me sobran las sábanas, algo ha ocupado tu cama, algo llamado "soledad" que no me deja dormir por las noches. Esa angustia que me domina al mediodía al saber que la comida está intacta, y que no estás tu para hacerla una delicia. Que las lágrimas caerán al suelo sin nadie que diga "no llores, porque eso es más fácil que sonreír". Pero me consuela saber que no volverás a tocar mis bollos de mil calorías, esos que tanto aprecio y que siempre te llevabas con un guiño. Ni la tele. Oh, si, la maldita tele. Siempre eras el primero en coger el mando y poner los malditos programas de cotilleo. Y qué decir de tus calcetines encima de la silla, las sesiones de plancha o la nevera medio vacía a la hora de cenar.
Me he convencido, eres parte del pasado.



No te estoy diciendo adiós, digamos que es un hasta luego infinito.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La última pieza del rompecabezas.

Cuando abrí la puerta, tan solo llevaba puesta mi camiseta de dormir y unos calzoncillos -si, he dicho calzoncillos- grises, de alguno de esos tíos que a veces entraban en mi casa en momentos de extrema embriaguez. Al otro lado vislumbre su cara de nuevo. Esa que me trajo a la memoria historias de amor y ficción al mismo tiempo, cuentos de príncipes y princesas. Momentos que según mi consciencia había olvidado, pero que mi insconciente guardaba receloso.
- Lo sé, soy la última persona a la que querías ver plantado delante de tu casa.
No pudo estar más en lo cierto, pero no murmuré ni una sola palabra con tal de no darle la razón.
- ¿Puedo saber a qué se debe tu visita?
- En realidad no.
No supe que contestar, así que no tuve más remedio que dejarle entrar. Se sentó en el sofá rojo, pero no se descalzó ante la alfombra de pelo, como tantas veces había hecho.
Tras la ventana, el aire golpeaba con fuerza y la lluvia no cesaba sus intentos de entrar a aquella habitación cargada de todo menos de aire respirable. Su pelo negro estaba mojado, dada la situación en el exterior era lo más razonable, y las gotas descendían por el chubasquero que aún no se había quitado. Supongo que esperaba un "¿quieres tomar algo?" o tal vez un "dame una explicación coherente" pero esperé a que fuera él quién tomara la decisión de hablar. De hecho, había sido él el que había aparecido allí para quién sabe qué.
Tras un espera lenta, se decidió a hacer algo más que mirar al frente.
- Cuando te fuiste no supe el motivo, y sigo sin comprender por qué lo hiciste.
No dudé en responder a eso.
- ¿Que va a llover? ¿Crees que eso es una escusa decente? Por que si es así, cambia. Ya es hora de que madures, de que te comportes como el adulto que das la impresión de ser. Se acabaron los lloros, los ruegos, los juegos de cada noche, las cenas románticas de película, las caricias de cada noche mientras te hacías el dormido y los besos nada más despertar con su respectivo desayuno, las rosas que me traías para alegrarme la "jornada laboral", las cartas por debajo de la puerta y los regalos por San Valentín...
Algo parecido a una bola gigante de gomas elásticas se agolpaba en mi pecho impidiéndome respirar. Me había parecido oír demasiadas cosas buenas en aquel discurso que tanto tiempo llevaba en mi mente. Esperé a que él no se diese cuenta, pero sí, había cogido cada una de las palabras que había pronunciado.
- ¿Son esas suficientes razones? ¿Necesitas algo más para darte cuenta de que éramos perfectos?
Pero entonces volví a recordar el motivo, y solo pude pronunciar:

.
- Puede pasar de todo. ¿Verdad? Cualquier cosa... puedes amar tanto a una persona que tan solo el miedo a perderla haga que lo jodas todo... y acabes perdiéndola.. Puedes despertarte al lado de alguien a quien hace unas horas no hubieses imaginado conocer y mírate, ahora es como si alguien te regalara uno de esos puzzles con piezas de un cuadro de Magritte, de las fotos de unos ponys o de las cataratas del Niagara... Y se supone que ha de encajar. Pero no.

domingo, 4 de septiembre de 2011

One day diary

Las cosas que no se dicen suelen ser las más importante. Y yo he callado cientos de cosas. Me he apartado cientos de veces por creer que no iba a poder olvidarle. Y sí, es cierto que por un lado quiero olvidarle; pero por el otro sé que es la única persona en todo el universo que podría hacerme feliz.

Cuando aún jugábamos con el destino.

-Es el viento de septiembre -dijiste pensativo, alzando la cabeza- no sé qué es lo que tiene, pero me hace sentir diferente.
Miré al frente, y yo también me sumí en mis pensamientos.
Recordé aquel verano, cuando creíamos tener el mundo a nuestros pies, pero nos faltábamos el uno al otro. Cómo aquellas miradas nos hacían sentir algo especial incluso a quinientos kilómetros de distancia y cómo consiguieron cambiar el rumbo de nuestras vidas. Esperábamos ansiosos el sol de agosto para volver a vernos las caras y sentir de nuevo que no todo estaba perdido.
- Creo que no hay nada como la brisa de Agosto, en un parque o en una playa. Sentado, tumbado. Me da igual.
Sonreiste. Habías captado la indirecta algunos años atrás, pero nunca quisiste hacerte cargo de la situación. Si, aquella vez. Cuando aún no sabíamos que el futuro jugaba con nosotros.