Sinbragueros y a lo loco ♥

domingo, 28 de agosto de 2011

Summer rain.

Miradas que matan y distancias que se agrandan con el tiempo. Noches bohemias bajo la luz de las estrellas, cómplices de algo que solo sus corazones saben. El olor, el color y las risas dejan huella en cada cabeza, como un pequeño alfiler deja una huella casi imperceptible que sin embargo no se puede borrar. Puede que por eso una sienta que es afortunada, porque nada conseguirá que esos momentos acaben en el fondo de la memoria.

Su risa se oía desde la otra punta de la ciudad, a pesar de sus calles atestadas de miradas extrañadas. Las paredes blancas daban ese aspecto reluciente a una habitación llena de libros, unos antiguos, otros más nuevos, que intentaban amortiguar su felicidad, sin éxito. Su cama deshecha asimilaba los pataleos de aquella pequeña castaña risueña, a quien otro chico mataba a cosquillas. Le encantaba hacerle cosquillas, y a ella que se las hicieran. ¿Por qué no reír hasta perder el control, como aquella chica?¿Qué más podía pedir? Su vida estaba allí, a su lado, y por muchas batallas y muchas treguas que se abalanzaran sobre ellos siempre serían los sonrientes vecinos del tercero A. Siempre había solución, sus problemas parecían menguar cuando estaban juntos. Rodaban felices por la moqueta clara, sin reparar en que el mundo continuaba rotando. En que el tiempo pasaba. En que la vida cada vez era más corta. No necesitaban mirar fuera para saberlo, simplemente obviaban todo a su alrededor.



La felicidad es olvidarse de los problemas; valorar lo que se tiene y cantar hasta quedar afónicos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Un rey de nada en concreto.

Su mentira más grande estaba allí, en la parte derecha de su cama, manchando las sábanas de sombrías miradas ocultas detrás de sus ojos marrones. Que aún siguiera soportando a aquel espécimen era más que un milagro, pero era un maestro encandilador. Nunca había dejado que se apropiase demasiado de su vida, en concreto de la que estaba fuera de aquellas cuatro paredes; pero por desgracia, estaba demasiada emborrachada de él como para dejarle ir libremente. Así, se ató a aquel indeseado-que en realidad no lo era tanto- con las cuerdas más fuertes que encontró. Se quedó colgada de su boca, de su sonrisa y de lo que se ocultaba bajo las sábanas de aquella cama ruidosa de ciudad. Había encontrado su príncipe azul, que no tenía cara de príncipe ni los ojos azules, pero que admitió por pena y acabó asentándose en su vida por amor.
Le había conocido en un café de París, famoso por sus cruasanes que a ella-y no solo a ella- le volvían realmente loca. Cuando sin querer tropezaron en el pequeño escaloncito que daba al cálido interior ambientado en los años veinte, solo pudieron reír ante semejante estampa. Y la verdad es que para ambos fue más que el destino. Estaba claro que las sonrisas son la mejor táctica para llevarse a alguien a lugares oscuros, pero nunca creerían que también servía para enamorar a una persona. Y menos aquellos dos pendones. Una rubia y un moreno, que estaban hechos el uno para el otro.



jueves, 4 de agosto de 2011

Resulta que si, aún hay un resquicio de esperanza.

Turnin tables.. Escúchala mientras lees.

Fue en un crucero por las islas griegas, donde permanecí dos semanas disfrutando del sol tenue, los gorros que se volaban con el viento del norte y las esculturas de aquellas épocas tan antiguas y que tanto admiraba. Había ido allí para desconectar del atormentamiento de la ciudad, que tantos estragos causaba en mi cabeza, cuando en una de esas tardes de sol radiante nos paramos en el puerto y descendí la escalinata del barco para adentrarme en un torbellino de emociones que no me pertenecían, pero que sentía como mías, con las olas de música de fondo. Entonces la sirena sonó con fuerza, interrumpiendo mis dulces pensamientos y tuve que salir sino corriendo, volando en dirección a un barco que no pretendía esperar por mi. Por el camino no pude evitar perder un zapato, cosa que me atormentó hasta la hora de la cena. Era el único par perfecto para andar que tenía, y no me podía permitir visitar todas aquellas maravillas subida a aquellos tacones que casi rozaban los límites extremos, con los que -no tuve más remedio- fui a cenar.
Diez minutos más tarde, sentada como estaba en aquella mesa de mantel blanco y tan lujosa, alguien apareció detrás mía, con algo que me pertenecía en sus manos.
- Señorita- aquella voz me produjo un leve cosquilleo por todo mi cuerpo, cosa por la cual no pude evitar sonreír- creo que esto es suyo. Al parecer, lo perdió mientras corría creyendo que perdería el barco.
Ambos sonreimos con más intensidad. Él, de manos suaves, me tendió aquel zapato. Llevaba más de un cuarto de siglo esperando a que algún maravilloso príncipe azul recogiera mi zapatito de cristal, y cuando menos lo esperaba; allí estaba él.

Nadie me creyó a mi vuelta. Absolutamente nadie. Todos se lo atribuían a mi tumor; ese que se expandía por mi cabeza acortándome la vida cada vez más. Y aquel barco era el último que cogería, a bordo de un cuento de hadas que jamás imaginé que se cumpliría. James volvió antes de verme partir hacia quién sabia dónde, me sonrió y me sorprendió-y no solo a mi- con sus tiernas palabras:
- No te olvidaré, Serena. Eres a la mujer que amo, a la que cenicienta que siempre quise entre mis brazos, y esto no me va a impedir que sigas conmigo toda la eternidad. No lo hará, te lo aseguro.
Y antes de cerrar los ojos por ultima vez, pude oír sus palabras, inundadas de lágrimas:
- Serena Harm, ¿querrás quedarte en mi corazón para el resto de mis días?. ¿Querrás.. casarte conmigo?

martes, 2 de agosto de 2011

Que ironía; que a tu lado me sentí capaz de perder la razón.

Empiezo a superar el miedo a mirar y no ver nada; a desistir cuando la página en blanco se ha convertido en una página en negro, llena de extraños tachones que evocan un pasado demasiado infantil y frío para soportarlo. Y que no pueda provocarme el deseo de tirar los recuerdos al pozo del engaño, donde tantas cosas yacen olvidadas justo al fondo, ahogadas de improperios de épocas aún más remotas. Los libros que evocan y cuentan las fantasías de un par de soñadoras sin escrúpulos, que terminan siempre de la misma manera también se han hundido, llevadas por el mismo barco. Y aún así, siento ganas de abrazarme a la almohada, cuidar de mi misma está resultando realmente insoportable, e incluso creo que empiezo a aburrirme de la misma cantinela de siempre.