Sinbragueros y a lo loco ♥

martes, 27 de diciembre de 2011

La verdad de un imposible.

Hubo un momento tras la tormenta, en la que ver la luz pareció más un milagro que una realidad. Siempre lo había tenido todo, pero de pronto, las cosas faltaban, las personas se iban, los gritos resonaban en su cabeza día y noche; de vez en cuando se preguntaba a sí misma, si la risa volvería alguna vez a aparecer en su vida.
Y entonces, descubrió que el frío era un gran aliado para sonreír, por el simple hecho de que no puedes dejar de hacerlo por miedo a romperte en pedazos. 
Algunas personas son especiales por conseguir lo mismo que el frío, pero de una forma un pelín más cálida.



El tiempo solo tiene una existencia relativa.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Caleidosférico.

Las calles por las que paseaba, estaban desiertas a aquellas horas de la noche. Las luces de lo hogares apagadas, ni un solo coche interrumpía sus pensamientos. Excepto los bares de alterne, todo estaba en penumbra, esperando el momento exacto para volver a cobrar vida. Le gustaba respirar aquel aire pacífico, ese momento en el que las personas callaban, vencidas por el sueño. Ni un grito, ni una palabra más alta. Todo cobraba sentido en sueños, y las personas se abrazaban inconscientemente. Excepto ella. Loba solitaria por las  calles de París, buscando un motivo por el cual seguir viviendo, con una botella de tequila en el bolso y la sobriedad suficiente como para continuar caminando otros cincuenta mil azulejos más.


Cuidado con la tristeza. Es un vicio.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Llámalo comienzo.

Aquellas cosas que guardé en la caja fuerte hoy se las ha llevado el viento. Las conversaciones a altas horas de la madrugada, los besos a escondidas en el mundo de los sueños, las fotos, las travesuras, las palabras ahogadas, la tristeza, el vacío, el ser alguien que no quieres ser, las lágrimas, los te quiero sin sentido. Y tras esto, ha volado la caja que tantas ilusiones contenía. Es mejor mirar al futuro de puntillas, que recorrer el pasado con la yema de los dedos, esperando que las lágrimas broten de nuevo.


Bienvenidas a la ciudad sin límites.

sábado, 17 de diciembre de 2011

All the small things

Hoy estoy de buen humor. Puede que sea esa sensación de que mi vida comienza a ser bastante menos aburrida de lo habitual, o de que las cosas que un día creí que serían un impedimento para conseguir mis propósitos, ahora se están convirtiendo en enormes ventajas. Tal vez, ese olor a Navidad que impregna ya el aire, o esas ganas de que venga el mejor año de nuestras vidas. Pero esta vez, tengo la sensación de que ser feliz es algo más fácil de lo habitual.


Una vez más, un Madrid que se asemeja a una luciérnaga gigante y que crea sueños a cada paso que das por sus calles.

jueves, 15 de diciembre de 2011

If I Die young

Quizá me equivoque cuando diga que aquello fue el comienzo de una historia que jamás tuvo su final, porque si es cierto que lo hubo, pero no de la manera que cabe esperar. Su amor seguía intacto, llenando cada uno de los recovecos en los que se resguardaba tras su marcha. Él bien sabía que su vida podría haber seguido adelante, sin pensar un segundo más en ella. Pero no podía. No podía evitar sentir que con cada segundo que estaba allí, se alejaba más y más de su recuerdo. Cuando el cáncer se comió las fuerzas que le quedaban, ella solo pudo sonreír y suplicar que siguiera adelante, que siempre sería su motor fuera a donde fuese.



No sé si es que cumplió ya su destino,
si alcanzó perfección o si acabado
este amor a su límite ha llegado
sin dar un paso más en su camino.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Bipolar.

Ellos no eran perfectos, ni mucho menos, pero con el tiempo sus caminos se iban dividiendo sin que pudieran hacer nada para remediarlo. Habían guardado tanta amargura en sus corazones y había olvidado tan buenos momentos que eran incapaces de pronunciar un te quiero en voz alta; quizá ni si quiera lo sentían. Y aquella pequeña niña de ojos verdes se sentía culpable. Ella no era la causante de nada, lo sabía, pero no podía evitar sentir el peso sobre sus delgados hombros. No quería acabar como ellos y temía que las lágrimas bajo las que se escondía terminaran ahogándola de un suspiro. Pero tampoco quería echar a correr en la dirección opuesta como una cobarde, a pesar de que nada salvo su orgullo se lo impedía. Por eso, bajó las escaleras silenciosa, amortiguando sus pasos con leves movimientos hasta dar con la puerta exacta. Una puerta en la que un diminuto cartel rezaba: Problemas. Acabaría con ellos, estaba dispuesta.


Puede que sacar las cosas de quicio fuera su mejor forma de evadirse del mundo por unos momentos

lunes, 5 de diciembre de 2011

Mi suerte.

La puerta se cerró, por lo que cogió con cautela uno de los libros que se escondían en la estantería más alta, junto a una figurita algo vieja. Le gustaba leer el futuro que se escondía en forma de azar entre las cuartillas desgastadas de aquellos tomos, abriendo las páginas sin un orden lógico y leyendo la primera palabra que encontrase. Y así, poco a poco, formaba frases lógicas, historias, vidas, sueños, canciones, y un futuro que poco tenía de certero, pero que siempre ayudaba a bienaventurarse.
A veces, como si de una predicción se tratara, encontraba el sentido bajo las capas de polvo que lo ocultaban, y terminaba cumpliéndose cada una de las cosas que había construido gracias a su ambiciosa imaginación. Por eso, era más arriesgado de lo que imaginaba querer adelantarse al destino; por lo que armándose de valor cerró los ojos, y siguió el procedimiento habitual. Abrió el libro con fuerza, dejando que sus dedos se deslizaran delicadamente por la superficie rugosa, hasta dar con el presentimiento de que allí estaba lo que buscaba.
Dos.


Quiero agarrar al destino por las fauces, 
seguro que no podrá doblegarme del todo

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un salto en el vacío

No quiero ser cursi, pero me has dejado sin una pizca de aire respirable.
Quizás no es más que mi imaginación, que quiere que piense que eres demasiado bueno para mí, pero, ¿no lo eres de verdad? 
Espera, espera, espera. Me estoy asustando bastante. ¿No era yo esa chica que no creía en el amor? ¿Esa que solo miraba de lejos, que temía encontrarse frente a frente con alguien especial a quien querer? Bien, la respuesta a todo eso es sí. Así que quiero una explicación coherente ante la pregunta que se está formando en mi cabeza. ¿Por qué narices no puedo sacarme esa sonrisa tan jodidamente perfecta de mi mente?
Si, tengo miedo. Pero el riesgo me tienta bastante (qué extraño en mi) y esa cara de psicópata o cowboy, no me está ayudando nada de nada a resistir la tentación de acercarme y comerte.



Si quieres que tu vida sea diferente, no hagas siempre lo mismo. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Todo lo que tengo que decirte

- ¿Ves a aquella chica, la morena?
Asiento y sonrío. Y es que me encanta esa manía tan suya de inventarse vidas ajenas sentado en un banco vacío.
- Pues tras su bonita mirada esconde un gran secreto que no quiere desvelar -hace una pausa, como pensándose seriamente qué es tan preciado interrogante. - ha quedado con un chico. Pero él en realidad no la quiere como yo te quiero a ti; tan solo la desea.
De pronto, como si de verdad hubiera descubierto aquella confidencia, la chica levanta la vista hacia nosotros. Pero no es a nosotros a quienes mira, no. Es a un menudo adolescente, con sonrisa picarona, que se acerca lentamente hacia ella, con pasos agigantados pero con una lentitud desesperante.
Ella no sonríe.
- En su cabeza está maquinando la idea de dejarle, pero tiene miedo a las consecuencias.
Giro la cabeza en dirección opuesta, volviendo a la chica de pelo cobrizo y a su extraña mirada; una mezcla entre miedo y venganza.
- ¿Y cómo sabes todas esas cosas? -he decidido dejarles intimidad, reanudando así la conversación con él.
- Se leer las miradas ajenas. Y sé que estás expectante, a la espera de una bonita historia.
No puedo evitar reírme de nuevo.
- Voy a tener que dejar de mirarte, entonces.


Quiero tener el poder de inmortalizar cada momento, volver a sentirte cada vez que te recuerde.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ética de un proscrito.

No pretendo dormir, a pesar de que son las cinco de la mañana y la conversación se está volviendo aburrida. Cuelo un par de intentos para que sueltes un par de cariños, y unos cuantos te quiero. Pero no cedes. Y yo me desespero.
Ha llegado el momento de articular un adiós improvisado, sin caricias de despedida que nos lleven a la locura inmediata, sin articular palabras dulces hasta olvidar quienes somos. Es hora de tomar conciencia y sublevarse al gélido invierno, evitando los roces a conciencia. Porque he encontrado la forma de rehuir la mirada cuando pasas. Tus ojos cobalto en mi nuca, que me siguen a través del tiempo, atravesando paredes, incendiando cada parte de mi ser por no ser quien yo quiero que seas. Sé cómo evitarlo. Sé cómo hacer que me olvides de una vez por todas. Y también sé quiénes somos, lo que hicimos. La llama está ahí, y yo intento apagarla de un soplido.

Ciudad fantasma, amor atormentado; pero ahora el que cae eres tú.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Que para mí son solo palabras.

Hablemos del tiempo que se escurre entre los dedos, para no escuchar el silencio. Olvidemos para no saber quién somos, para perdernos entre pasillo y pasillo, para no sentir que desperdiciamos la inocencia entre beso y beso. Hagámoslo bebidos. Para no ver como nos dejamos llevar por el momento.
Debe ser eso que dicen, afortunada en el juego, desafortunada en el amor, más verdad de lo que imagino.



Ya me han vuelto a ver robándoles sus almas.
Y que la abstemia no te hunda, que para mí son solo palabras.

domingo, 13 de noviembre de 2011

A eso de las siete.

Podía tirarme horas contemplando como respirabas apaciblemente en sueños, observando esos dulces hoyuelos casi inexistentes ya, que se te formaban al sonreír; apreciando ese lunar tan grande que se alojaba en tu mejilla izquierda. Era capaz de presenciar durante horas el leve movimiento de tu pecho, ascendiendo y descendiendo con delicadeza. No necesitaba parar el tiempo, el tiempo se paraba por sí mismo, para dejarme embelesada frente a tu pelo castaño. Quizá en aquellos momentos, cuando la paz me invadía y no podía dejar de sonreír furtivamente, creía ser feliz. Hasta que despertabas de tu letargo, me agarrabas de las caderas y me susurrabas al oído aquellas mentiras piadosas que me dejaban más contenta aún de lo que estaba. Ojalá hubiera sido capaz de hacerte frente y renunciar a pasar más horas contigo. Pero era inevitable. Era incapaz de controlar mis sentimientos. Y creo que aún no he podido. Pero lo escondo entre silencio y silencio, mirando un reloj que aún marca las siete y cinco; el momento exacto en el que te di por perdido.



Intenté ser tu futuro, pero alguien ocupaba tu cama en aquellos meses en los que solo me preocupaba de respirar por mí misma. Una autómata que pendía de tu mirada y acallaba los gritos de su cabeza con tu imagen sugerente.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Trastos viejos.

Dame una razón más para dejar de creer en ti, y prometo que no pensaré más en las ganas que tengo de perderte de vista. Porque las pesadillas que propagas en mi cama, me producen una extraña sensación llamada asco al levantarme, que acaba con una cierta repulsión al final de cada punto y coma, y cada noche me acuesto viendo esa cara que tanta grima me da.


Lo siento, pero para mí ya no eres más que un simple trasto viejo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Perdida en la soledad y otros extraños sucesos.

Vivía en el ático de una calle sin nombre, en medio de una ciudad desconocida. Mi pelo cambiaba de color con frecuencia, por lo que cada mes sentía que era una persona distinta. Cada estilo era diferente, cada día era una odisea y cada instante un vendaval que acababa con mi cordura. Estaba sola, paseaba arriba y abajo por las calles menos frecuentadas y me resguardaba del frío en bares de mala muerte. Hasta que por allí pareció alguien que tenía el mismo problema que yo: sufría de soledad. Por las noches quemábamos el pasado con mecheros e incendiábamos mi piso de deseo. Amanecíamos envueltos en ceniza, que siempre volvía prenderse, unas veces sobre la alfombra roja del salón y alguna otra en la cama de color verde. Los cafés nos adormecían, pues íbamos al revés del mundo, y las tilas nos excitaban hasta niveles extremos. Éramos como vagabundos en un mundo desconocido, viajando a través del tiempo, y traspasando las barreras de lo imposible.


El tequila ya no sirve para recomponer un corazón hecho añicos.

martes, 1 de noviembre de 2011

Entre tu infierno y el mío.

Me gustaría vivir en el infinito, donde no hubiera una línea imaginaria entre la felicidad y la tristeza. Donde la locura fuera una forma de vida y no un trastorno mental. Donde ser libre significara poder besar sin decir te quiero, sin atarse de pies y manos, sin enamorarse. Sí, he dicho enamorarse. Porque para mí, enamorarse significa perder la razón, morir de miedo esperando algo que te salve del olvido, vivir sintiendo que tu corazón ya no te pertenece.


Ojalá esa barrera entre lo imaginario y lo real se rompiera. Sería como vivir en un sueño perpetuo. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Amor a quemarropa.

Fue una noche nevada, en la que buscaba una razón de ser bajo mi cama, cuando sin querer encontré una foto rota entre el polvo. Soplé sobre ella para averiguar el momento exacto de captura.
Mis pupilas se dilataron, conviertiéndose así en dos agujeros negros.
Arrugué el ceño, algo que me desesperaba por completo, pero totalmente involuntario.
No supe que hacer con aquello; estaba confundida, recuperando viejos recuerdos de un cajón sin fondo donde creí que olvidaría todo lo posible y más.
Y allí estábamos, dos sonrisas enormes, felices como nunca y rodeados por un aura mágica que posaba sobre nosotros un encanto artificial.
Y cuanto daño nos habíamos hecho; olvidando, recordando, rescatando del olvido y volviendo al comienzo, sin murmurar un te quiero sincero entre líneas, que al menos sirviera para no herirnos del todo. Cuantas camas vacías habíamos dejado a nuestro paso, sin saber que nuestros caminos volverían a ser uno solo en algún momento. No hubo manera de persuadir al destino, que ya trazaba líneas imaginarias adelantándose a nuestras propias miradas. No pudimos hacer nada; volvimos a ser un nosotros sin alma. Éramos dos cuerpos movidos por los hilos, para (quiero pensar) darnos cuenta de que no nos movía el mismo interés. De que no éramos más que muñecos. Títeres sobre un escenario a medio montar, oscuro como la boca del lobo, y tenebroso como el futuro. Extraño, como nosotros mismos. Tal vez, incluso, fuera hasta real.
Pero cerré los ojos y dejé caer el papel de fotografía sobre el fuego, que ardió feliz, destrozando un pasado que no nos pertenecía.


Habíamos disparado nuestra última oportunidad de ser felices.

sábado, 22 de octubre de 2011

Se acabaron las películas de amor.

Rectificar es de sabios. Hacerlo es de imbéciles. 
La teoría estaba aprobada, pero a la hora de la verdad dejarse llevar es más fácil de lo que uno cree. Y cuando ya crees que es el fin; aún te queda más vida que salvar del fuego.


Y es que ya, me fumo el amor.



martes, 18 de octubre de 2011

Dime cuando.

Su moño castaño iba perdiendo mechones con cada paso que daba, así que de vez en cuando se llevaba la mano al pelo y se lo colocaba delicadamente. Cruzó la calle, dio la vuelta en la esquina de la tienda de chucherías, llena a esas horas de la tarde, y subió hasta su piso.
Jasmine solo era una veinteañera desordenada que no sabía dormir con la luz apagada. Tenía unas cuantas manías inconfesables, un par de fotos que le recordaban tiempos pasados y un bote de chocolate espeso con el que conseguía olvidarse de que el tiempo era más veloz que ella. Se limitaba a la rutina; al día a día.
Pero en uno de esos días de rutina, algo le ofreció la oportunidad de cambiar su mundo de un suspiro.
Llamémosle X.


Una vez más, segundo a segundo, recuperaba todo aquello que había perdido.

Un hielo en el mar.

Añadía que ereas mi peor error entre frase y frase, por lo que nunca dejé de hacerte referencia. Ni siquiera cuando en sueños decía que no significabas nada para mí. Un constante "runrun" en mi cabeza que impedía al olvido llevarte a un lugar seguro. Quizá fue por eso por lo que el fuego nos alcanzó tan rápido, prendiendo nuestros fríos corazones con una rapidez pasmante. Pero tras esto, no quise continuar con aquellos besos impregnados de deseo adolescente, de tardes de locura, y noches de placer. Porque sabía que habíamos cambiado y ya no volveríamos a ser aquellos inocentes personajes, que decían todo aquello que sentían, como si todo fuera un alegre historia de amor.






Gracias por hacerme comprender que si regalaran vidas nuevas por olvidarte,tú durarías lo que
 un hielo en el mar.

sábado, 15 de octubre de 2011

Sólo los verdaderamente apasionados pueden ser verdaderamente fríos.

- No hay nada que temer -encendí el primer cigarrillo, pues notaba que la ansiedad estaba empezando a hacerse cargo de mí- eres tú la que se come la cabeza día y noche buscando la solución, y ahora que lo tienes todo claro, ¿vas a perder tu oportunidad?
Negué con la cabeza, dejando escapar parte del humo de mi boca.
- Está claro que no; y tú misma lo has dicho -él era el único que me comprendía, para que engañarnos- Solo tienes que dejarte llevar. Oscar Wilde lo dijo antes que yo: "La única forma de vencer la tentación, es caer en ella" 
- Es muy fácil decirlo -el segundo cigarrillo de la noche, y seguía sintiendo la opresión típica del momento que me comprimía el pecho con cada segundo de pensamiento -pero a la hora de hacerlo, ¿serías tú capaz?
La habitación se quedó en silencio. La pregunta suspendida en el aire estaba cargada de tensión, y no entendía el por qué. El mutismo me asustó. ¿Había dicho algo que no debía?
Entonces fue cuando advertí que sus labios estaban más próximos de los míos de lo que jamás habían estado. 


Olvidó cómo era ser amigo, y se convirtió en amante.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Por todos esos momentos.

Hoy es uno de esos milagrosos días en los cuales creo que todo podría ser peor, me siento afortunada. Y tumbada en la cama no he dejado de pensar en aquellos días en los que no necesitaba de nadie para ser feliz, en los cuales una simple pelota se podía convertir en un misterioso mundo para las muñecas que ahora descansan en el fondo del baúl. En los cuales nuestra mayor preocupación era tan solo quién ganaba nuestras apuestas. Quien era capaz de aguantar más tiempo sin lavarse los dientes, quien conseguía saltar más alto. Y quién diría que podría tener a esa persona especial a mi lado durante catorce años. Nadie sería capaz de predecirlo, pero ahí está siempre. Con sus sonrisas, sus caras de patos, sus gilipolleces que nunca superan a las mías (vale, a ves si..), con sus calcetines de colores, sus enfados y su mal humor cuando su prima la visita. Y lo más importante de todo, que ella es la persona más especial de mi vida.


Gracias por todos esos momentos. Te quiero, hermana.

domingo, 9 de octubre de 2011

A veces hace falta valor

Una página en blanco y miles de pensamientos que intentan salir a base de golpes de mi desordenada cabeza. Un libro entre las manos, música para amainar a las fieras y un terrible dolor de pecho. Una desolada cama, en un lugar llamado imaginación, que se abre paso a trompicones por tu cara de idiota. Aunque, para sernos sinceros... ¿Qué sería yo sin tí?
Y aún diciendo que lo pasado, pasado es, no olvido el hecho de que el presente es tan inexacto como el futuro, y tan arrogante como lo anterior. No existe el punto medio; estamos atados al destino de pies y manos.
No he conseguido alargar el tiempo, ni retocerlo, ni siquiera hacerme con él; no he sido capaz de encontrar mi vocación; ni el amor. No he conseguido nada. Pero no dejes que me arrepienta.





Éramos jovenes, éramos arrogantes, éramos ridículos, éramos excesivos, éramos imprudentes, pero teniamos razón.

jueves, 6 de octubre de 2011

Tú, a 5 metros de mí.

Dame tiempo, espacio, límites entre lo posible y lo imaginario. Porque ya no sé que fue y qué es. Ni quién fui y quién soy. Ya no entiendo de razones, no tengo excusas, no tengo nada. Creí que volvería a levantarme, y sí es cierto que lo hice, pero las heridas no cicatrizan tal y como esperaba que ocurriese. 
Lo has hecho, una vez más. Y estoy harta de depender de ti.


sábado, 1 de octubre de 2011

Cortes que dejan cicatrices.

Cuando creía que las cosas se iban a tornar diferentes; que habías cambiado algo, que de verdad sentías eso que dices sentir; me doy cuenta que ser ingenua no es más que uno de mis grandes fallos. Y sin embargo, he querido creer en ti.Pero ahora, has demostrado con tu superioridad que no vales tanto como imaginaba, y que tu corazón alberga más recovecos que un laberinto. Es cierto, que nadie es capaz de no mentir al menos una vez en la vida, pero tú has agotado ya todos tus comodines. Y mi eterna paciencia.


Tienes la fórmula en tus manos, pero no has sabido ni sabrás como utilizarla.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Una de mil.

Mi conducta autodestructiva no me lleva a ningún sitio, tan solo hace que cada día me vea peor ante el espejo. Me siento perdida en un mundo que no es para mí, hay demasiada tentativas. Hay demasiada competencia. Hay demasiadas cosas por las que disgustarse, por las que creer que todo va ir a peor, por las que darte un atracón que desemboca en donde nadie le gustaría estar.
Porque estar harta de ser quien eres no debería ser motivo de risa, y sin embargo soy la primera que se ríe de ver en lo que se ha convertido. De saber que nunca llegará a ser un resquicio de lo que sueña, ni una ilusión de lo que desea.

Hoy me he hundido en un pozo sin fondo.
Tal vez mañana aparezca en medio del mar.


sábado, 24 de septiembre de 2011

Hagamos de este mundo un lugar más bonito.

Hay ciertas ocasiones en las que no puedes evitar sonreír, en las que el deseo puede con ese desconcertante desorden de tu subconsciente, en las que una mirada puede encender hasta la última parte de tu cuerpo sin explicación aparente. En las que ser tu misma es motivo de risa, en las que te da igual que te juzguen, que te hagan sufrir. Puede que todo tenga una minúscula parte de razón dentro de tanta locura; pero yo prefiero seguir viviendo dentro de una burbuja donde solo caben los buenos momentos. Donde no necesito pedir permiso para seguir sonriendo. Donde lo sueños se hacen realidad tan pronto como los miras a la cara.



Que la estupidez supere a la realidad.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Palabras que no dicen nada.


Hoy la inspiración es nula. No quiero escribir sobre lo que ocurre a mi alrededor, parece que todo es gris y oscuro. No quiero pensar sobre lo que me rodea, lo cruel que es todo, lo difícil que se torna con cada segundo que pasa. La fiereza que se me acumula al pensar en la injusticia que cada día asola el mundo. Y ya no hablo de millones de kilómetros más allá, hablo de aquello que se esconde en la esquina de mi calle, de la tuya o de la de tu primo. Hablo del miedo que se respira en el aire, del frío que se extiende por cada cuerpo, de la insignación que se acumula en cada poro de nuestra piel. Estoy hablando de como nos estamos convirtiendo en las personas desdichadas que no deberíamos, que buscan refugio tras las palabras de otros, tras su opiniones que nosotros obviamos. De como todo se está pasando de vuelta, todo va más rápido. Pero yo soy una milésima en este maldito lugar. Y cómo me gustaría poder cambiarlo todo. Y con todo me refiero a todo.



Quizás sea hora de cambiar.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mi fuego de cada noche.

¿Por qué no soy capaz de matar a tiros las mariposas que me queman el estómago día y noche? Aún no lo he averiguado, pero algún día seré capaz de desprenderme de tu sonrisa, aunque sea a base de tequila, a tus te quiero sin sentido, a tus pensamientos en blanco y negro y a las noche en vela buscándote a tientas. Y por más que bailo sobre la alfombra roja de mi habitación, no consigo olvidarte. Por más copas que me suplican al oído que tome, soy incapaz de sacarte de donde te he metido. Y esta vez no son armarios.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuentos de príncipes y principesas.

- Déjame decirte que yo no he olvidado, que me he pasado noches en vela imaginándome qué podría haber sido de nosotros. Siempre dije que éramos polos opuestos y que por eso éramos almas gemelas. El uno para el otro. Pero nadie me hizo caso; y siguen sin hacérmelo.
Y mírame ahora, parezco una niña pequeña siguiéndote a escondidas, detrás de las farolas, entre los coches y en el autobús de ida. Porque nunca vuelvo. Siempre me quedo bajo tu portal mirando las estrellas y rogando a nadie sabe qué, que bajes y me veas; tendría que inventar una buena excusa, pero eso es lo de menos.
Y sí, el destino está escrito, pero nosotros podemos borrarlo de un suspiro, con un beso o un abrazo. Con un te quiero, con una caricia. Con cualquier cosa menos con el odio, la distancia y el olvido.
Porque quiero que me recuerdes como aquella chica boba que hizo que sonrieras día y noche, porque creía que lo más bonito del mundo era tu sonrisa. Y que no te dejaba dormir. Porque si tus ojos se cerraban su mundo se oscurecía.
Aún espero que algo haga que te des cuenta de que mis palabras son unas, y mis pensamientos otros. Seguiré esperándote en las escaleras. Sí, aquellas en las que compartimos tantos momentos que me cuesta comprender como no se han aburrido ya de nosotros. Te esperaré aunque sea en las nubes. O debajo de la cama, tal vez. Pero vuelve y dime que soy lo más bonito que te ha pasado, y entonces volveremos a ser nosotros en vez de tú y yo.


He perdido a mi príncipe azul, o puede que nunca lo haya encontrado. Pero no la esperanza.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Alguien como tú.

Hoy no me veo con fuerzas suficientes para admitir en voz alta que me siento sola. No hay nadie por la cuál hacer de tripas corazón, ni sonreír, ni si quiera llorar. No hay nadie que convierta las noches en una odisea de pensamientos y palabras. No hay nadie por la cual sentir algo especial, alguien con quien compartir más que un beso y más de mil sonrisas. 
No estoy pidiendo un regalo divino, de hecho, no pido nada.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Diez segundos y medio-

Diez segundos y medio he tardado en darme cuenta de lo fácil que es perder, de lo frío que es pensar que nada volverá a ser lo mismo, tan solo la idea sobrecoge. Quizá por eso hoy no me encuentre con ganas de decir algo coherente de todo esto. O quizá sea solo la falta de tiempo. El café se ha vuelto más amargo de lo habitual, y tu ya no estás ahí para darle el toque de gracia. La mesa está vacía, falta tu mirada y tus roces bajo ella. Me sobran las sábanas, algo ha ocupado tu cama, algo llamado "soledad" que no me deja dormir por las noches. Esa angustia que me domina al mediodía al saber que la comida está intacta, y que no estás tu para hacerla una delicia. Que las lágrimas caerán al suelo sin nadie que diga "no llores, porque eso es más fácil que sonreír". Pero me consuela saber que no volverás a tocar mis bollos de mil calorías, esos que tanto aprecio y que siempre te llevabas con un guiño. Ni la tele. Oh, si, la maldita tele. Siempre eras el primero en coger el mando y poner los malditos programas de cotilleo. Y qué decir de tus calcetines encima de la silla, las sesiones de plancha o la nevera medio vacía a la hora de cenar.
Me he convencido, eres parte del pasado.



No te estoy diciendo adiós, digamos que es un hasta luego infinito.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La última pieza del rompecabezas.

Cuando abrí la puerta, tan solo llevaba puesta mi camiseta de dormir y unos calzoncillos -si, he dicho calzoncillos- grises, de alguno de esos tíos que a veces entraban en mi casa en momentos de extrema embriaguez. Al otro lado vislumbre su cara de nuevo. Esa que me trajo a la memoria historias de amor y ficción al mismo tiempo, cuentos de príncipes y princesas. Momentos que según mi consciencia había olvidado, pero que mi insconciente guardaba receloso.
- Lo sé, soy la última persona a la que querías ver plantado delante de tu casa.
No pudo estar más en lo cierto, pero no murmuré ni una sola palabra con tal de no darle la razón.
- ¿Puedo saber a qué se debe tu visita?
- En realidad no.
No supe que contestar, así que no tuve más remedio que dejarle entrar. Se sentó en el sofá rojo, pero no se descalzó ante la alfombra de pelo, como tantas veces había hecho.
Tras la ventana, el aire golpeaba con fuerza y la lluvia no cesaba sus intentos de entrar a aquella habitación cargada de todo menos de aire respirable. Su pelo negro estaba mojado, dada la situación en el exterior era lo más razonable, y las gotas descendían por el chubasquero que aún no se había quitado. Supongo que esperaba un "¿quieres tomar algo?" o tal vez un "dame una explicación coherente" pero esperé a que fuera él quién tomara la decisión de hablar. De hecho, había sido él el que había aparecido allí para quién sabe qué.
Tras un espera lenta, se decidió a hacer algo más que mirar al frente.
- Cuando te fuiste no supe el motivo, y sigo sin comprender por qué lo hiciste.
No dudé en responder a eso.
- ¿Que va a llover? ¿Crees que eso es una escusa decente? Por que si es así, cambia. Ya es hora de que madures, de que te comportes como el adulto que das la impresión de ser. Se acabaron los lloros, los ruegos, los juegos de cada noche, las cenas románticas de película, las caricias de cada noche mientras te hacías el dormido y los besos nada más despertar con su respectivo desayuno, las rosas que me traías para alegrarme la "jornada laboral", las cartas por debajo de la puerta y los regalos por San Valentín...
Algo parecido a una bola gigante de gomas elásticas se agolpaba en mi pecho impidiéndome respirar. Me había parecido oír demasiadas cosas buenas en aquel discurso que tanto tiempo llevaba en mi mente. Esperé a que él no se diese cuenta, pero sí, había cogido cada una de las palabras que había pronunciado.
- ¿Son esas suficientes razones? ¿Necesitas algo más para darte cuenta de que éramos perfectos?
Pero entonces volví a recordar el motivo, y solo pude pronunciar:

.
- Puede pasar de todo. ¿Verdad? Cualquier cosa... puedes amar tanto a una persona que tan solo el miedo a perderla haga que lo jodas todo... y acabes perdiéndola.. Puedes despertarte al lado de alguien a quien hace unas horas no hubieses imaginado conocer y mírate, ahora es como si alguien te regalara uno de esos puzzles con piezas de un cuadro de Magritte, de las fotos de unos ponys o de las cataratas del Niagara... Y se supone que ha de encajar. Pero no.

domingo, 4 de septiembre de 2011

One day diary

Las cosas que no se dicen suelen ser las más importante. Y yo he callado cientos de cosas. Me he apartado cientos de veces por creer que no iba a poder olvidarle. Y sí, es cierto que por un lado quiero olvidarle; pero por el otro sé que es la única persona en todo el universo que podría hacerme feliz.

Cuando aún jugábamos con el destino.

-Es el viento de septiembre -dijiste pensativo, alzando la cabeza- no sé qué es lo que tiene, pero me hace sentir diferente.
Miré al frente, y yo también me sumí en mis pensamientos.
Recordé aquel verano, cuando creíamos tener el mundo a nuestros pies, pero nos faltábamos el uno al otro. Cómo aquellas miradas nos hacían sentir algo especial incluso a quinientos kilómetros de distancia y cómo consiguieron cambiar el rumbo de nuestras vidas. Esperábamos ansiosos el sol de agosto para volver a vernos las caras y sentir de nuevo que no todo estaba perdido.
- Creo que no hay nada como la brisa de Agosto, en un parque o en una playa. Sentado, tumbado. Me da igual.
Sonreiste. Habías captado la indirecta algunos años atrás, pero nunca quisiste hacerte cargo de la situación. Si, aquella vez. Cuando aún no sabíamos que el futuro jugaba con nosotros.



domingo, 28 de agosto de 2011

Summer rain.

Miradas que matan y distancias que se agrandan con el tiempo. Noches bohemias bajo la luz de las estrellas, cómplices de algo que solo sus corazones saben. El olor, el color y las risas dejan huella en cada cabeza, como un pequeño alfiler deja una huella casi imperceptible que sin embargo no se puede borrar. Puede que por eso una sienta que es afortunada, porque nada conseguirá que esos momentos acaben en el fondo de la memoria.

Su risa se oía desde la otra punta de la ciudad, a pesar de sus calles atestadas de miradas extrañadas. Las paredes blancas daban ese aspecto reluciente a una habitación llena de libros, unos antiguos, otros más nuevos, que intentaban amortiguar su felicidad, sin éxito. Su cama deshecha asimilaba los pataleos de aquella pequeña castaña risueña, a quien otro chico mataba a cosquillas. Le encantaba hacerle cosquillas, y a ella que se las hicieran. ¿Por qué no reír hasta perder el control, como aquella chica?¿Qué más podía pedir? Su vida estaba allí, a su lado, y por muchas batallas y muchas treguas que se abalanzaran sobre ellos siempre serían los sonrientes vecinos del tercero A. Siempre había solución, sus problemas parecían menguar cuando estaban juntos. Rodaban felices por la moqueta clara, sin reparar en que el mundo continuaba rotando. En que el tiempo pasaba. En que la vida cada vez era más corta. No necesitaban mirar fuera para saberlo, simplemente obviaban todo a su alrededor.



La felicidad es olvidarse de los problemas; valorar lo que se tiene y cantar hasta quedar afónicos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Un rey de nada en concreto.

Su mentira más grande estaba allí, en la parte derecha de su cama, manchando las sábanas de sombrías miradas ocultas detrás de sus ojos marrones. Que aún siguiera soportando a aquel espécimen era más que un milagro, pero era un maestro encandilador. Nunca había dejado que se apropiase demasiado de su vida, en concreto de la que estaba fuera de aquellas cuatro paredes; pero por desgracia, estaba demasiada emborrachada de él como para dejarle ir libremente. Así, se ató a aquel indeseado-que en realidad no lo era tanto- con las cuerdas más fuertes que encontró. Se quedó colgada de su boca, de su sonrisa y de lo que se ocultaba bajo las sábanas de aquella cama ruidosa de ciudad. Había encontrado su príncipe azul, que no tenía cara de príncipe ni los ojos azules, pero que admitió por pena y acabó asentándose en su vida por amor.
Le había conocido en un café de París, famoso por sus cruasanes que a ella-y no solo a ella- le volvían realmente loca. Cuando sin querer tropezaron en el pequeño escaloncito que daba al cálido interior ambientado en los años veinte, solo pudieron reír ante semejante estampa. Y la verdad es que para ambos fue más que el destino. Estaba claro que las sonrisas son la mejor táctica para llevarse a alguien a lugares oscuros, pero nunca creerían que también servía para enamorar a una persona. Y menos aquellos dos pendones. Una rubia y un moreno, que estaban hechos el uno para el otro.



jueves, 4 de agosto de 2011

Resulta que si, aún hay un resquicio de esperanza.

Turnin tables.. Escúchala mientras lees.

Fue en un crucero por las islas griegas, donde permanecí dos semanas disfrutando del sol tenue, los gorros que se volaban con el viento del norte y las esculturas de aquellas épocas tan antiguas y que tanto admiraba. Había ido allí para desconectar del atormentamiento de la ciudad, que tantos estragos causaba en mi cabeza, cuando en una de esas tardes de sol radiante nos paramos en el puerto y descendí la escalinata del barco para adentrarme en un torbellino de emociones que no me pertenecían, pero que sentía como mías, con las olas de música de fondo. Entonces la sirena sonó con fuerza, interrumpiendo mis dulces pensamientos y tuve que salir sino corriendo, volando en dirección a un barco que no pretendía esperar por mi. Por el camino no pude evitar perder un zapato, cosa que me atormentó hasta la hora de la cena. Era el único par perfecto para andar que tenía, y no me podía permitir visitar todas aquellas maravillas subida a aquellos tacones que casi rozaban los límites extremos, con los que -no tuve más remedio- fui a cenar.
Diez minutos más tarde, sentada como estaba en aquella mesa de mantel blanco y tan lujosa, alguien apareció detrás mía, con algo que me pertenecía en sus manos.
- Señorita- aquella voz me produjo un leve cosquilleo por todo mi cuerpo, cosa por la cual no pude evitar sonreír- creo que esto es suyo. Al parecer, lo perdió mientras corría creyendo que perdería el barco.
Ambos sonreimos con más intensidad. Él, de manos suaves, me tendió aquel zapato. Llevaba más de un cuarto de siglo esperando a que algún maravilloso príncipe azul recogiera mi zapatito de cristal, y cuando menos lo esperaba; allí estaba él.

Nadie me creyó a mi vuelta. Absolutamente nadie. Todos se lo atribuían a mi tumor; ese que se expandía por mi cabeza acortándome la vida cada vez más. Y aquel barco era el último que cogería, a bordo de un cuento de hadas que jamás imaginé que se cumpliría. James volvió antes de verme partir hacia quién sabia dónde, me sonrió y me sorprendió-y no solo a mi- con sus tiernas palabras:
- No te olvidaré, Serena. Eres a la mujer que amo, a la que cenicienta que siempre quise entre mis brazos, y esto no me va a impedir que sigas conmigo toda la eternidad. No lo hará, te lo aseguro.
Y antes de cerrar los ojos por ultima vez, pude oír sus palabras, inundadas de lágrimas:
- Serena Harm, ¿querrás quedarte en mi corazón para el resto de mis días?. ¿Querrás.. casarte conmigo?

martes, 2 de agosto de 2011

Que ironía; que a tu lado me sentí capaz de perder la razón.

Empiezo a superar el miedo a mirar y no ver nada; a desistir cuando la página en blanco se ha convertido en una página en negro, llena de extraños tachones que evocan un pasado demasiado infantil y frío para soportarlo. Y que no pueda provocarme el deseo de tirar los recuerdos al pozo del engaño, donde tantas cosas yacen olvidadas justo al fondo, ahogadas de improperios de épocas aún más remotas. Los libros que evocan y cuentan las fantasías de un par de soñadoras sin escrúpulos, que terminan siempre de la misma manera también se han hundido, llevadas por el mismo barco. Y aún así, siento ganas de abrazarme a la almohada, cuidar de mi misma está resultando realmente insoportable, e incluso creo que empiezo a aburrirme de la misma cantinela de siempre.

miércoles, 27 de julio de 2011

Las playas desiertaas de Madrid

Siete tardes después, el sol seguía siendo tan insoportablemente caluroso como el primer día, solo que ahora ya no necesitaba sus besos. Había aprendido a olvidar todas aquellas mañanas enrededa en su mirada; el pasado estaba encerrado ya entre paredes de cemento gris, y tan solo buscaba razón de ser en el día a día. Su cama violeta, sus tés verdes y sus calcetines de colores hacían un poco más llevadera su nueva vida alejada del murmullo de las olas; un traslado sin recuerdos merecedores de ese nombre. El reloj seguía su curso, sus zapatillas rojas colgaban de la última cuerda del nuevo tendedero, los platos limpios escurrían en quién sabe qué era aquello, las cartas blancas de un tal Ben, hechas ceniza en un contenedor a dos kilómetros alejado de su puerta. Estaba claro que nada le haría regresar a su cabeza. Matha aún creía que para ella, Ben había desaparecido de la faz de la tierra.. Pero estaba más que equivocada.

viernes, 15 de julio de 2011

Es el colocón que arrastramos.

A veces lo que esperas es peor si lo comparas con lo inesperado. Pero cuando todas las señales apuntan hacia lo que nunca ha pasado por tu mente, las cosas cambian de rumbo y el destino juega con el tuyo. Es la razón por lo que nos aferramos a la esperanza, y básicamente es lo que nos hace continuar día a día, momento a momento, segundo a segundo. Y cuando caminas demasiado hacia delante, las cosas no son siempre predecibles. Y yo tengo la prueba; soy indecisa, pero no tanto.


La felicidad está en las cosas que no planeas, en las que no ves venir.

martes, 5 de julio de 2011

Abrumadora irrealidad.

Por aquel entonces, cantabas en un bar de copas y tocabas como los ángeles. Siempre estuve de acuerdo que aquel no era sitio para alguien como tú; pero tú reías y me hacías callar con un beso en la mejilla. Fue también durante aquellos tres meses que estuve en Berlín, cuando me enamoré perdidamente de Sam, un chico de ciudad con grandes ambiciones. Él era alto, para nada desgarbado y con un estilo admirable, pero no podía compararse a ti. Sin embargo de esto no me percaté hasta cierto tiempo después, cuando le encontré en nuestra cama -o en la que suponía que era nuestra- con otra mujer, al parecer de su misma empresa. Así, abatida, regresé a aquel bar de mala muerte donde cada noche deleitabas a un par de perros sin dinero, que buscaban cobijo en aquellas cuatro paredes mugrientas y algo de comer. Pero esta vez, no sé cómo, acabé en tu cama. E, irónico, tú estabas a mi lado.

Tanto tiempo de amistad había forjado algo mucho más grande, algo mucho más fuerte.

jueves, 23 de junio de 2011

A solas la almohada, tú y yo.

Siempre quise despertarme en un lugar alejado de mi mente, mucho más lejos de lo que nadie podría imaginar nunca, pero a pesar de estar a más de 3000 kilómetros nada es suficiente para remitir los efectos de la memoria. Los chupitos de vozca no sirven, ni el cigarro de madrugada; nada puede evitar ya que te espíe mientras duermes a miles de kilómetros de mi cama.

"Sin duda alguna, no volveré a caer en la misma trampa; no tropezaré dos veces con la misma roca, que cada vez se hace más grande; no volveré a susurras más te quieros al oído, ni a cerrar los ojos sabiendo que me contemplas desde el lado derecho, enredado en mi pelo y mis sábanas. Pero como siempre, me gusta llevar la contraria y volveré a romper las reglas establecidas por orden de mi conciencia, esa que ahora no deja de gritar que apague, cierre y duerma"


Sin duda alguna, hoy volado más alto y lejos que nunca.

martes, 31 de mayo de 2011

Desarmado y sin bandera.

Suenan tres tonos de llamada, mientras espera ansioso a que coja el teléfono. Al otro lado, ella sonríe maliciosa al ver ese número tan conocido. Esto NO es una historia de amor, es una novela basada en hechos reales, tan verídico como sus ganas de acabar con todo. El contestador salta, y comienzan las palabras, tan secas y frías que cualquiera colgaría al instante. Pero él resiste, asiando el móvil con fuerza, aguantando su voz hosca y su anhelo de verle muerto.

 Abandonaste mi casa una mañana de Junio; cerraste la puerta con desaire y bramaste que ibas a por tabaco. Aquel mismo día cambié la cerradura de mi vida y me hice con una nueva llave. Hasta ahora has vuelto desarmado y sin bandera tantas veces, que he perdido la cuenta. Y date por contento si al menos miro por la mirilla para verte la jeta de nuevo.

Ya no me queda ni un ápice de compasión. He cerrado las puertas de mi corazón y hasta nuevo aviso segirán del mismo modo que hasta ahora. No voy a tolerar de nuevo tus quejas y tus descontentos a altas horas de la madrugada, porque me he hecho con la fórmula de la aspereza y ahora doy golpes certeros. Se acabaron los lamentos cariño. Se acabaron los lloros y los insultos a media mañana, del mismo modo que se ha agotado mi paciencia. Vuelve sobre tus pasos y no vuelvas a llamarme jamás. La próxima será más violenta.

lunes, 30 de mayo de 2011

Doscientos noventa mil trescientos once.

Tus besos NUNCA me dejaron buen sabor de boca, quizás fuera esa manía absurda de sonreír mientras lo hacíamos o de beberte siempre una botella de ginebra antes de irte a dormir. Tu mirada era penetrante cada vez que decía algo equivocado, como si con ello pudieras borrar de un plumazo las palabras erróneas, anulándome y olvidando quien era. Y qué decir de esas mañana en las que la resaca de caricias era tal, que ninguno de los dos queríamos separarnos de nuestras respectivas bocas por si el mundo se hacía añicos sobre nuestras cabezas, y en las que la cama era nuestra mejor protección ante las grietas de nuestro supuesto amor. Y cuando murmurabas con aire malicioso, que algún día iba a morir, arrastrada por el humo de mi cigarro, hasta más allá del infierno. Y cuando por fin acabaste con la lujuria, ocupando la cama de viejas promesas sin cumplir; las mismas que abandonaron la mía y me quitaron las cadenas que me ataban a ti. Recuerdo aquel día. Y posiblemente equella fuera la mejor decisión que tomaste en toda tu existencia.

domingo, 29 de mayo de 2011

Love is the hardest.

Se recogió el pelo en una coleta alta y se calzó sus enormes tacones. Le encantaba sentirse importante, al menos por un día, mientras detrás de sus gafas oscuras el mundo se le venía encima. Quería dejar de pensar en las cosas malas y aceptar de una vez la vida en todo su esplendor, tal cual. Pero como siempre, es más fácil decir que hacer. Así, se prometió a sí misma dejar de mentirse; lo firmó en su propia piel con un tatuaje en el que rezaba: Ser o no ser. Aquel tatuaje que años después le haría sonreir al recordar como, a rajatabla, había seguido su camino sin mirar atrás. Y nunca más volvió a abandonar esa sonrisa gigante.

jueves, 26 de mayo de 2011

Ansiado verano.

Necesito algo que me eleve por los aires hasta dejar de percibir el límite de la realidad; necesito ahogar mis penas en un vaso vacío y dejar de pensar que el mundo se va a resquebrajar en cualquier momento. No es por tí, no te emociones; se trata de esta asquerosa rutina, que hace que los días sean meses y las semanas años. Pero sólo queda un mes para matar el aburrimiento a base de calurosas risas de verano y sueños pasados por agua.

martes, 24 de mayo de 2011

Ayer. Hoy. Mañana.

No es custión de ver la realidad tal cual, simplemente se trata de entusiasmarse con la idea de un mañana más próximo. Encapricharse con unos zapatos rojos, a juego con el carmín y la pasión que une el pasado y el presente. Encender la llama de la ilusión a base de sonrisas y olvidar viejas secuelas que dejaron grandes heridas, que arrasaron en el pecho. Beberse a traguitos las ganas de comerse la boca, esa que provoca a todo el que la mira. Buscar el momento adecuado para quemar el deseo y consumir las alegrías como en un bono descuento. Brincar al recordar cuentos encantados e historias que no quieren acabar; que se buscan entre sábanas llenas de normas y silencios, pero que a pesar de todo, siguen estando presentes, pasadas y futuramente olvidadas.

Estoy a un paso de arrinconar lo aprendido y extraviar lo olvidado.

domingo, 22 de mayo de 2011

La hora de la merienda; embriaguez a media mañana.

Como un huracán en un día soleado, interrumpiste mis pensamientos para preguntarme la hora. Suspiré, mientras cerraba el libro que estaba leyendo y te respondí de inmediato. Una sonrisa de varios segundos, y volví a mi libro. Pero no te rendiste: te sentaste a mi lado, ante mi mirada estupefacta y me preguntaste el título. Demasiadas preguntas, para mi gusto. Pero no quise ser borde.
- Las palabras que se lleva el viento -fui algo seca, debo reconocer, pero no te inmutaste.
- Puedes seguir leyendo.
Abrí el libro ante tus palabras, pero comprobé que tu culo seguía pegado a aquel escalón de mármol, a mi vera. Sonreí a escondidas, mientras tosía para controlar el impulso de levantarme y soltarte alguna que otra cosa. Pero eras mono, estabas interesado en quedarte cerca mío, y encima parecías muy inocente. ¿Que más necesita una.. persona como yo, para llevarte a mi cama? Y por casualidad, aquella noche soñé con angelitos y con tu cara de puro morbo.

viernes, 20 de mayo de 2011

Delirios e insomnio provocan locura.

Era ya de noche, pero la duda seguía brillando en mi cabeza con una luz intermitente que no podía apagarse. No podía dormir y olvidarme de todo, porque si así fuera, ya habría dormido unas 4 horas sin suspirar si quiera. Y seguía dando vueltas en la cama, a la espera de, o que el sol saliera, o que de una vez por todas me durmiera. Ambas eran realmente complicadas, principalmente porque eran las 2 de la madrugada y mi cabeza era como un cartel luminoso que pedía socorro a gritos.
Cambié de lado la almohada, me tumbé, hice abdominales, hice siete veces el pino puente y otras cinco la voltereta; pero hicera lo que hiciese, las agujas del reloj seguían en el mismo sitio de siempre. Tal vez lo único que ocurría era que no había pilas, pero en aquellos momentos, es lo úlitmo que se piensa. Aún así el sol salió. Mis ojeras también. Y no se quedó atrás el mal humor que me llevó al desastre aquel viernes de Mayo.

Quisera tener el control de todo lo que ocurre.

jueves, 19 de mayo de 2011

Creer en el vacío, es mejor que creer en mentiras.

Cuando se cuenta una historia, suele hacerse en tercera persona. Porque nadie quiere verse a sí mismo sufriendo delante del drama, como en un escenario, expuesto a miradas indiscretas que prefieren escuchar las mentiras de otra persona que no sea la que tienen sentada a su lado. Por eso es duro decir lo que uno siente, por eso cuesta ponerse en el lugar de todos esos personajes, que siempre son uno mismo. Que encierran en su pequeña e imaginaria cabeza cientos y miles y millones de ideas y recuerdos. Y lágrimas. Sollozos. Pero también sonrisas, ganas de vivir la vida. Lo peor de todo, es que esas últimas son las más difíciles de llevar a cabo. Porque cuando estás triste, llorar es demasiado fácil.

Se puede describir, pero al tocarlo, todo se desvanece como en un sueño. Por eso a veces, es mejor callar.

martes, 17 de mayo de 2011

Noches bohemias, sueños secretos.

Yo estaba medio dormida frente al café de la mañana, pero aquello debió apelar alguna tozuda fantasías porque desperté de repente. Cogí el teléfono, inventé un contexto, rellené los detalles y pinté el cuadro perfecto mietras al otro lado intentabas recuperar la sonrisa.
Me acosaron tres meses de noches bohemias, en que cada instante era una inmensa cadena de hierro alrededor de mi garganta, donde la voz se había extinguido. Tres meses de desvelo nocturno, mientras discutía con mi ángel y mi demonio en busca de algún rastro de bondad entre las sábanas desiertas de mi cama. Pero hoy la crueldad y la vileza son parte de mí, ellos me acogieron y se hicieron conmigo de un modo absurdo. El resultado es algo desconcertante, porque ya no me reconozco. No entiendo que ha sido de los miedos que me embestían día y noche, ni del dolor que se refugiaba en un recóndito lugar dentro de mi espíritu. Se han acabado los fosos de locura y desasosiego, mientras las ideas absurdas se deslizan por el rebaje de mi ventana. Porque hoy, se acabaron los sueños secretos.

Dejaré que el silencio ocupe tu lugar
.